Finalmente, llamamos a recuperar el sentido público y humanista de la profesión jurídica. El Derecho no puede concebirse únicamente como una herramienta de éxito individual. Debe contribuir al desarrollo ciudadano, a la protección de nuestros derechos y a la solución pacífica de la controversia.

Por ello, es nuestra responsabilidad reforzar la formación jurídica en sus distintos niveles, promoviendo el respeto por todas las personas, escuchando a nuestros estudiantes, funcionarios, ex alumnos, empleadores y colegas. De esa manera mantendremos nuestro prestigio y la formación de excelencia, dando la confianza necesaria a todos quienes, desde distintas funciones, nos desarrollamos en el desafiante mundo del Derecho, que antes que poder, debe entenderse como un instrumento de convivencia, respeto y humanidad.