No es la primera vez que me conmueve un libro del periodista y escritor peruano Hugo Coya. En 2015 leí su “Estación final”, una investigación que Editorial Aguilar había publicado en 2010. Ahora me ocurrió con “La heroína silenciosa” (Tusquets, 2025) donde nos cuenta la historia novelada de Magdalena Truel, una peruana que vivió en la Francia ocupada por las tropas nazis, a mediados del siglo pasado.
Sus padres europeos, él, francés y ella vasca española, se habían trasladado a Perú en busca de mejor destino en el último cuarto del siglo XIX. Y Lima, a pesar de las dificultades iniciales, les resulta positiva como experiencia, se instalan allí, trabajan, montan sus negocios y prosperan. Hasta que una realidad, muy superior a ellos, los supera: la guerra del Pacífico toca a sus puertas.
Los soldados chilenos invaden Lima, las batallas dejan miles de muertos en ambos bandos, pero luego de las derrotas peruanas viene el saqueo, los vencedores arrasan a su paso con propiedades privadas y públicas. Es un capítulo de esa historia del cual no se habla mucho en nuestro país, pero que tuvo y sigue teniendo un doloroso significado para los peruanos. El señor Truel, padre de la heroína silenciosa, cumplirá un papel en esa contienda.
Magadena es una de siete hijos de este comerciante francés radicado en Lima; ella junto a tres hermanas se trasladan a París para escapar de Perú, un país en crisis; para evitar la permanente incertidumbre, para avizorar un mejor destino en la progresista Europa de los años 30 del siglo XX. En la ciudad luz serán recibidas por unas tías peruanas, pero la vida es tanto o más dura que en Lima. Nada es fácil para estas seis mujeres que comparten un pequeño departamento y sobreviven con trabajos mal remunerados de algunas de ellas.
Magdalena, ahora Madeleine, cumple, eso sí, un gran sueño e ingresa a estudiar a La Sorbonne. Y no solo es capaz de entrar a una de las universidades más prestigiosas del mundo, sino que fue exitosa en sus estudios y egresó después de una sobresaliente defensa de su tesis. Desde pequeña había mostrado su interés por los libros, las lecturas y el aprendizaje de nuevos conocimientos.
La historia nos enseña que el nazismo se incubó a inicios de los años 20 en Alemania, pero en sus comienzos nadie dimensionó lo que se vendría, nadie creyó que el pequeño e insignificante Hitler llegaría a convertirse en el líder indiscutido de toda una nación, ávida de conquistas, sedienta de guerra, ansiosa de exterminio. Madeleine Truel no podrá restarse a esta guerra. Residente en una ciudad ocupada, es testigo de primera línea de los abusos contra los judíos.
Busca cómo ayudar a esas víctimas y se ve envuelta en una red de resistencia. Aunque es traductora en un banco y lleva, en apariencia, una tranquila vida con su hermana Lucha, la heroína silenciosa será cada vez más importante en esa resistencia clandestina. En sus idas y venidas por ayudar a las víctimas sus pasos la llevarán a cruzarse con una señora chilena, miembro de una distinguida familia viñamarina, María Edwards.
Sobre el rol de ella no puedo adelantar nada, pero llama la atención que la novela de Coya parta con chilenos invadiendo Lima y luego de muchos años y kilómetros recorridos, un personaje, ahora sí con nombre y apellido, nos impulse a seguir leyendo la historia de la verdadera protagonista, Magdalena Truel Larrabure, silenciosa heroína peruana francesa. Quien relata esta historia es Pierre Courtade, miembro de la red clandestina de París, un personaje de Hugo Coya. Al terminar el introito a este libro, Pierre reflexiona cuando sentado frente a su máquina de escribir se apresta a iniciar su relato y sostiene: “Miro el papel una vez más y coloco los dedos sobre las teclas.
Escribo para que el silencio no gane, para que las sombras no devoren todo lo que queda de Magdalena. No escribo para encontrar respuestas, sino para que las preguntas persistan. Porque mientras alguien recuerde, ni el silencio ni la oscuridad tendrán la última palabra”.
Cualquier extrapolación de este párrafo a otras realidades -si usted lo piensa- puede ser válida.