La enfermera Paola López, directora del Departamento de Ciencias de la Enfermería de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (Ucsc), enfatiza que en lo cotidiano e íntimo “se debe realizar en momentos como antes de cocinar y comer, y después de ir al baño, toser, estornudar, al llegar a la casa, y luego de manipular objetos de uso frecuente”. Aunque afirma que hay circunstancias en que la relevancia aumenta, como “periodos de mayor circulación de patógenos como el invierno o brotes epidémicos”. También al estar en ambientes públicos o con mayor densidad de personas como el transporte.
Y releva que en la atención en salud su cumplimiento es básico y obligatorio siempre, con lineamientos específicos de la OMS. Técnica adecuada Para que la higiene de manos proteja la salud, es crucial que sea adecuada, considerando simples y elementales aspectos. La enfermera Paola López releva que la práctica básica es lavar con agua y jabón por 60 segundos, y es fundamental si las manos están visiblemente sucias o contaminadas.
Y está la fricción con soluciones de alcohol que debe ser de al menos 60%, cuando no hay suciedad visible y no se dispone de agua ni jabón. El acto debe durar 30 segundos. “En ambos casos es fundamental cubrir todas las superficies de las manos que deben estar libres de joyas”, precisa.
Hay que lavar palmas, dorsos, entre los dedos y las uñas. Y es clave el secado con toalla limpia o papel desechable. Entre malas y buenas prácticas En torno a la higiene de manos hay creencias erróneas y malas prácticas que se deben cambiar.
Una es pensar que el alcohol sustituye al agua y jabón. El microbiólogo Andrés Opazo asegura que el lavado con agua y jabón es el estándar, y el alcohol no reemplaza, sólo es un complemento útil sólo si no hay acceso inmediato al agua y jabón, ni suciedad. Además, advierte que “el uso de alcohol gel provoca cuadros de irritación cutánea como principal efecto secundario”.
Según las evidencias la irritación puede dejar más vulnerable a la piel a agentes infecciosos. Desde allí la epidemióloga Patricia Huerta expone que “para remover agentes patógenos es más efectivo frotar bien que pasar mucho tiempo lavando las manos, y el secado es tan importante como el lavado”. En este sentido aclara que no es necesario usar agua caliente, es más costosa y podría irritar la piel, y que las manos mojadas o sudorosas tienen mayor adherencia de agentes.
Para secar una mala práctica es emplear toallas de género usadas porque podría haber contaminación, y el ideal son las de papel desechables y sobre todo en baños, más que secadores de aire. Por último recomienda “usar cremas humectantes tras lavar para disminuir riesgo de dermatitis por lavados frecuentes”. Hito de la medicina Un simple acto que es hoy cotidiano fue un hito que cambió la medicina moderna, luego que en el siglo XIX el médico húngaro Ignaz Semmelweis demostró que lavar las manos con soluciones antisépticas reducía notablemente la mortalidad por fiebre puerperal en hospitales, cuando aún no se comprendía la existencia de microbios y su vínculo con infecciones que eran causa de muerte frecuente en procedimientos médicos, destaca el microbiólogo Andrés Opazo.
“La adopción progresiva del lavado de manos y la asociación entre microorganismos y enfermedades infecciosas transformó radicalmente los estándares sanitarios a nivel global y permitió avances decisivos en la medicina, cirugía y salud pública”, sostiene.