"Ella tenía una preocupación por la situación en que quedan los deportistas una vez que se retiran. Estamos hablando de una época, además, en que los deportistas no ganaban mucha plata. Ahí hay una visión a futuro, aunque tampoco estuvo tanto tiempo, porque se agarró de las mechas con medio mundo", aporta Arcos.
La enérgica Ismenia se empezó a cansar. Año a año veía que nada cambiaba y que sus deseos se estrellaban contra un muro de indiferencia. "El básquetbol la terminó cansando.
Era difícil manejar los egos en el equipo. Ya en la última etapa no tenía la misma energía. Se cansó y se fue, estaba agotaba del básquetbol, siempre era lo mismo, no había cambios", acota Marcia Céspedes.
Era hora de volver al sur para la múltiple medallista sudamericana. Un final cruel Ismenia se instaló en una cabaña en la Villa Aucán de Caburgua, IX Región. Estaba alejada de todo, refugiada en ella misma, viviendo con las cicatrices que casi nadie podía ver.
"Mi pena como mujer es no haberme podido realizar como madre, pese a que lo intenté tres veces con intervenciones", contó. "Ella tenía una vida feliz, pero triste. Ella se casó y después tuvo una pareja de muchos años.
Nunca pudieron establecer algo juntos", añade Céspedes, que con los años pasó de jugadora a amiga. Ismenia vivía una vida tranquila. No le importaba que le rindieran tributo.
Miraba alguna película, salía a dar una vuelta, cocinaba. Si bien no tenía grandes lujos, era dueña de algunas propiedades que le permitían vivir sin apuros. Sin embargo, su retiro en esos tranquilos paisajes tendría un final cruel.
"Mi pena como mujer es no haberme podido realizar como madre"Ismenia Pauchard El sábado 22 de mayo de 2004 apuró el tranco hacia el lugar donde vivía Rodrigo Vega, un lugareño que oficiaba de gásfiter y que había hecho algunos trabajos en su casa . Tenía la sospecha de que le había robado varias cosas. Se asomó por el patio y vio que ahí estaban su refrigerador, cocina y calefont.
Impulsiva como era, fue a encarar al hombre. Vega, al verse pillado, reaccionó de la peor forma. La golpeó con sus herramientas y un tubo de PVC hasta matarla el 22 de mayo de 2004.
Nada se supo de ella hasta que encontraron su cadáver nueve días después. Tras diversos empadronamientos, Vega y su padre cayeron en contradicciones. Fueron detenidos y el hombre confesó el crimen.
En octubre de 2005, fue condenado a ocho años de prisión. Su irreprochable conducta anterior fue un atenuante para los jueces. El asesinato de Ismenia mereció algunas notas en los medios de comunicación.
A sus cercanos les duele hablar de su muerte, prefieren recordar que alguna vez hubo una "abeja reina" del basquetbol nacional.