Si bloquea la reforma y tiene éxito, entra en un juego de suma cero donde el Gobierno puede construir un relato simple: quisimos crecer y nos lo impidieron. En ese escenario, la oposición evita el costo de una reforma impopular en su base, pero asume el costo de aparecer como responsable del estancamiento. No es una buena posición y asegura un futuro gobierno de Parisi.

Si colabora, el problema tampoco desaparece. Primero, porque el gobierno ha dado suficientes señales de que no está dispuesto a ceder en lo estructural. La reforma es, en buena medida, un intento de desmontar el legado tributario de Michelle Bachelet, y no es casualidad que esa misma lógica explique otras decisiones, como la negativa a respaldarla en instancias internacionales.

No es solo una diferencia, es una enmienda a la historia reciente. Al colaborar, la oposición corre un riesgo más profundo: vaciar su propio relato. Si acepta que el problema es que Chile crece poco porque los impuestos son altos, entonces está aceptando implícitamente que su propio ciclo de gobierno fue parte del problema.

Y eso, en política, es más caro que perder una votación. Lee también... Guía para entender la megarreforma: las medidas que incluye el Plan de Reconstrucción del Gobierno Jueves 23 Abril, 2026 | 06:30 Ocupando la teoría de juegos, no estamos ante un dilema del prisionero clásico, sino ante un juego asimétrico donde una de las partes tiene el control del marco, el gobierno, y la otra decide si entra o no a jugar bajo esas reglas.

Colaborar puede mejorar el resultado marginal, pero no cambia la estructura del juego. Bloquear puede preservar identidad, pero reduce capacidad de incidencia futura. En ese punto, la oposición enfrenta una decisión más existencial que táctica: si defiende o no su propia última línea.

Porque renunciar a ella, a la defensa de su ciclo, de sus reformas y de su diagnóstico, puede darle aire en el corto plazo, pero la deja sin fondo en el largo. La ironía es evidente. La oposición puede elegir entre ser responsable y desaparecer, o ser coherente y pagar el costo.

Y el gobierno, mientras tanto, juega a otra cosa: si la reforma pasa, gana; si no pasa, también. Porque en este juego no siempre gana el que tiene la mejor estrategia. A veces gana el que logra elegir el terreno, como decía el viejo Sun Tzu.