Cada 23 de abril, el Día Mundial del Libro nos ofrece una pausa necesaria para valorar el rol de la lectura en la vida personal y colectiva. Más allá de su dimensión cultural, leer constituye una de las herramientas más significativas para el desarrollo individual y la cohesión social. En Chile, sin embargo, persisten brechas importantes en el acceso y desarrollo de habilidades de lectoescritura.

Se trata de una realidad compleja, que no admite simplificaciones y que requiere ser abordada desde una mirada amplia, capaz de comprender los múltiples factores que inciden en ella. La lectura no solo permite acceder al conocimiento, sino también, interpretar el entorno, construir pensamiento propio y participar de manera activa en la sociedad. Su ausencia, en cambio, limita silenciosamente trayectorias personales y oportunidades futuras.

Frente a este escenario, el desafío no pasa únicamente por fortalecer aprendizajes, sino por recuperar el sentido de la lectura en la experiencia cotidiana. Esto implica avanzar hacia una aproximación que la vincule con el interés, la curiosidad y la realidad de quienes aprenden, especialmente en las primeras etapas de formación. El sistema educativo cumple un rol central en este propósito, pero su alcance se potencia cuando existe una corresponsabilidad efectiva con las familias y el entorno.

La lectura, en este sentido, no se instala solo en el aula, sino que se construye en múltiples espacios de interacción. Relevar su valor no exige grandes declaraciones, sino consistencia en las prácticas. Promover el acceso, diversificar las formas de leer y generar entornos que inviten a descubrirla son pasos que, sostenidos en el tiempo, pueden abrir nuevas posibilidades.

Paula López Chacón, rectora Colegio Manquecura Ciudad de Los Valles.