Y por eso estaremos siempre atentos al actuar de quienes son violentos y desprecian la democracia que destruyeron en La Moneda, la que nosotros, los chilenos, reconstruimos a pesar de ellos. Y porque hay lugares —como esa sala en La Moneda— donde la historia no descansa, donde la memoria no se negocia y donde el poder, quieralo o no, es observado. Que lo sepan.
Esa mirada sigue ahí. Y esta vez, no solo cae. También enfrenta y juzga.