Fundado por Lucrecia Undurraga en 1877, La Mujer se convirtió en el primer periódico chileno dirigido y escrito por mujeres, marcando un hito en la lucha por la educación y participación femenina. Hace 149 años, Chile presenció el nacimiento de una publicación que transformó el debate sobre el rol femenino en la sociedad. El 12 de mayo de 1877 apareció el primer número de La Mujer, considerado el primer periódico del país elaborado por mujeres y destinado especialmente a lectoras interesadas en educación, política, literatura y actualidad.

La iniciativa fue encabezada por Lucrecia Undurraga Solar, escritora y defensora de la instrucción femenina, quien impulsó el proyecto en un contexto marcado por la promulgación del histórico Decreto Amunátegui, normativa que permitió por primera vez el ingreso de mujeres a la universidad chilena. Más que una coincidencia temporal, ambas iniciativas reflejaron un momento de profundos cambios sociales. Mientras el decreto abría las puertas de la educación superior, La Mujer buscó ampliar la participación femenina en la discusión intelectual y pública del país.

Desde sus páginas, las colaboradoras defendieron la igualdad educativa y cuestionaron los límites impuestos a las mujeres en el siglo XIX. La académica de la Facultad de Educación y Humanidades de la UNAB, María Gabriela Huidobro, destacó el impacto histórico de esta publicación y el papel que jugó en la transformación social de la época. “No bastaba con que las mujeres pudieran estudiar; también era necesario que contaran con espacios para pensar, escribir, debatir y participar activamente en la construcción del país”, afirmó.

La publicación reunió a destacadas escritoras y educadoras de distintas ciudades del país, entre ellas Rosario Orrego, Antonia Tarragó, Isabel Le Brun y Enriqueta Courbis, quienes conformaron una inédita red intelectual femenina en Chile. El semanario circuló no solo en Santiago, sino también en ciudades como Valparaíso, La Serena, Talca, Concepción y Antofagasta. Los contenidos abordaban temas como literatura, historia, arte y política, aunque el eje central fue la defensa de la educación femenina.

En sus editoriales, las autoras insistieron en que las mujeres poseían las mismas capacidades intelectuales que los hombres y debían acceder a oportunidades de formación y desarrollo profesional. Las impulsoras del periódico también respondieron a las críticas de sectores conservadores que consideraban peligrosas estas demandas. Desde la publicación aclararon que su objetivo no era enfrentar a hombres y mujeres, sino terminar con la subordinación intelectual femenina y promover una sociedad más inclusiva.

“La Mujer usó el periódico como un lugar de reunión pública, discusión y expresión para las intelectuales de la época”, destacan investigaciones citadas por el sitio Memoria Chilena, que reconoce al semanario como la primera empresa editorial plenamente femenina del país. Huidobro sostuvo además que el legado del semanario sigue vigente en la actualidad. “La educación femenina no avanzó solo gracias a decretos y leyes, sino también por mujeres que se atrevieron a publicar, opinar y hacerse escuchar en una sociedad acostumbrada a mantenerlas en silencio”, señaló.

Aunque el proyecto alcanzó solo 25 ediciones antes de finalizar abruptamente en noviembre de 1877 por problemas económicos, su legado trascendió el tiempo. La publicación abrió espacio a nuevas voces femeninas y sentó las bases para la participación de las mujeres en la vida pública y cultural chilena. A un año de la conmemoración de los 150 años del Decreto Amunátegui, la historia de La Mujer vuelve a instalarse como un símbolo del avance femenino en Chile y del valor que tuvieron aquellas mujeres que decidieron escribir y hacerse escuchar en una sociedad que las quería en silencio.