Señor Director: La discusión sobre los cambios tributarios en materia de donaciones ha vuelto a poner sobre la mesa un tema que muchas veces se aborda únicamente desde la lógica impositiva, cuando en realidad también involucra gobernanza, continuidad y responsabilidad intergeneracional. El aumento de consultas sobre traspaso de patrimonio no debiera sorprender. En las empresas familiares, planificar con tiempo no es solo una decisión tributaria: es una manera de ordenar relaciones, anticipar conflictos y dar estabilidad a proyectos construidos durante décadas.
Chile necesita reglas claras, estables y razonables que permitan a las familias empresarias proyectarse en el largo plazo. Cuando existen incentivos transitorios o ventanas excepcionales, es natural que muchas familias busquen adelantarse y organizar procesos que, de todas maneras, tarde o temprano deberán enfrentar. Sin embargo, sería un error reducir esta conversación a una caricatura sobre “grandes patrimonios”.
Detrás de estos procesos hay empresas que generan empleo, inversión, arraigo territorial y cohesión social. También hay familias intentando hacer bien las cosas, profesionalizar sus estructuras y preparar adecuadamente los relevos generacionales. La buena planificación patrimonial no debiera verse como un privilegio cuestionable, sino como parte de una cultura de responsabilidad y continuidad que Chile necesita fortalecer.