En definitiva, se trata de aterrizar una estrategia comunicacional, no meras alusiones retóricas, de buena crianza, ambiguas, quejumbrosas e ineficaces finalmente. Una estrategia que considere ser parte activa e incidente de la batalla cultural, de la batalla de las ideas; que contribuya a la expansión del relato y la gramática de la izquierda y el progresismo; que apoye la difusión de los proyectos y las realizaciones de los sectores transformadores; que instale una narrativa soberana; que genera una identidad propia, un sello notorio y que construya agenda y debate; una estrategia que considere la construcción y desarrollo de medios propios; la financiación y sustento de recursos para el área de las comunicaciones y la prensa propia; para la estructuración de un sistema comunicacional contrahegmónico; que posibilite disputar en lo local, lo regional, lo nacional e incluso lo internacional, el dominio comunicacional dominante. Se trata de incidir, modificar y ojalá (estratégicamente) redefinir el actual sistema medial, para arribar a uno diverso, desconcentrado, veraz, legitimado socialmente, con cabida a las expresiones del conjunto de la sociedad.
En específico, al menos, avanzar en la construcción de medios, plataformas y herramientas de las orgánicas de izquierda y progresistas que cumplan un papel soberano, profesional, eficaz, generador de conocimientos, con credibilidad y alcance, en la tesis de la complementación de instrumentos tradicionales y contemporáneos. Eso con la insistencia de que hay que pasar del diagnóstico a la respuesta, romper con la queja repetitiva e ineficaz, dejar la retórica de la pesadumbre, de amilanarse y acomplejarse y buscar espacios y reconocimiento en el sistema hegemónico. Y comprender que hay que dar respuestas en contenido acorde a las nuevas realidades y construcción de instrumentos con sustentabilidad financiera y uso de las nuevas tecnologías.