Si las vanguardias y el pueblo en su sentido más amplio aspiran a una recomposición real de fuerzas sociales en disputa, el desafío no es solo ganar gobiernos, sino romper el cerco y los candados del financiamiento público. Mientras el progresismo latinoamericano, porque esto tiene evidencia en Chile, sino también en Argentina y Brasil entre otros, siga operando bajo la lógica del capital financiero y la dependencia del impuesto al consumo, cualquier intento de cambio será solo un nuevo barniz sobre una estructura que sigue siendo, en su ADN, profundamente conservadora y excluyente.
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SISMO
La ultraderecha al mando en Chile no implica un cambio radical
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