Sabemos que la estrategia comunicacional de copamiento de la agenda asumida por J. A. Kast es la versión “chilensis” de la utilizada por Trump: Flood the zone; es decir, “inundar la zona”.
Tal estrategia no es nueva. En el caso de ambos mandatarios tiene por finalidad distraer a la opinión pública y a las oposiciones -guardando la distancia que existe en el radio de influencia nacional del primero y mundial, del segundo- con múltiples anuncios amenazantes y medidas intranquilizadoras, sin importar su veracidad o su falsedad. Tras este ambiente de posverdad los mandatarios ocultan en su intimidad un objetivo político que les emboba, hechiza y/o subyuga más allá de cumplir sus promesas de campaña.
Sólo parecen compartirlo con su exclusivo círculo de conjurados. Trump, por ejemplo, ha efectuado anuncios como el alza de los aranceles diferenciados por país, ataques militares, expulsión de migrantes y otras advertencias amenazantes y persuasivas que generan conmoción y revuelo mundial para luego recular, negociar y obtener, sin importarle mucho los triunfos pírricos o propios de un “ventajista”, porque mientras avanza con sigilo hacia aquel objetivo político que le obsesiona y que –sólo lo podemos suponer- sería lograr el control del mundo mediante el control del petróleo. Todo ello, “sin fijarse en gastos”.
En el caso de José Antonio Kast, las noticias son difundidas o filtradas a redes sociales y a la prensa bajo el mando de un par de señores del Segundo Piso de La Moneda, plagadas de posverdad: la supresión de feriados irrenunciables; el pago de pasajes a los migrantes ilegales con la recaudación de sus bienes prendados en la “Tía Rica”, o bien, con la plata de sus fondos en las AFP o el incentivo a su salida voluntaria mediante la supresión de la educación y la atención de salud incluidos sus hijos (de lo más cristiano o Schoenstattiano). A ello se suma el alza no gradual de los combustibles, a lo mero macho; la auditoría internacional que se desechó por cara; el retiro de los proyectos de ley sobre negociación colectiva ramal, nueva ley de pesca y el veto al Proyecto de Envejecimiento Positivo; el retiro de más de 100 decretos que se tramitaban en Contraloría; la bochornosa entrega de balones de gas de 15 kilos al 80% de las familias más pobres a fin de paliar el alza de los combustibles, cuestión que aun no se concreta, debido a su elevado gasto y a dificultades de distribución. También, los detectores de metales en la entrada de escuelas y liceos los que, fuera de su alto costo de implementación, generan un clima de inseguridad en los estudiantes, en lugar de crear un ambiente de convivencia escolar apropiado; la rebaja del 3% del Presupuesto de cada Ministerio y, en fin, ahora, la filtración de un listado de cientos de programas sociales que se pretenden “descontinuar” o recortar.
La estrategia comunicacional claramente busca sorprender al país destacando un “vocero insignia” -ahora el ministro Quiroz- a fin de que explique que “no es así lo que efectivamente es así” y, de este modo, procurar una negociación, primero, con partidos o parlamentarios “bisagras” para, después, intentar hacerlo con la oposición, partido por partido. De este modo, mientras el país está sumido en maniobras comunicacionales distractivas, bulliciosas, pero casi estériles, JAK empuja soterradamente su objetivo político o “sueño imaginario” no develado. Podemos inferir de algunas de sus intervenciones que este no es otro que restablecer -al margen de su programa- las bases brutas del neoliberalismo impuesto en tiempos de la dictadura cívico-militar por un grupo de los “Chicago boys” conjugado con los ideales del gremialismo de Jaime Guzmán y el espíritu de Schoenstatt.
De esta triada “Chicago-Guzmán-Schoenstatt” surge la intransigente fortaleza de Kast, pero también su gran debilidad, porque la idea que esconde y la realidad que imagina sólo las logra desarrollar en su mente: no tiene espacio para aplicarlas en la realidad del país “viviente”, que es muy distinta, que no la ve y que no la siente. Le ocurrirá lo mismo que con el largo catálogo de falsedades ya enunciadas. Ciertamente, en la medida que trate de instalar su “sueño imaginario” en el mundo real evidenciará “su gran mentira” y, tras esta, el augurio de un fracaso.
Asumamos, entonces, que la verdad es la gran adversaria de José Antonio Kast y que la oposición -unida con una buena dosis de humildad- tiene el deber de contársela al país, en lugar de discutirle cada anuncio de su Gobierno. Y esto debiera al menos entenderlo, porque por algo su mamá le enseñó -como le contó a don Francisco en “De cara a La Moneda”- que “era más fácil pillar a un mentiroso que a un ladrón”. La verdad es siempre la que lo pilla.