No es solo un caso policial Desde el ámbito policial, el coronel (r) y exprefecto de Carabineros de Ñuble, Jhon Polanco plantea que el rol de la institución no puede limitarse a procedimientos. “Hoy Carabineros trabaja en alianza con los municipios”, explica. Y en ese marco, destaca el trabajo de la Oficina de Asuntos Comunitarios, enfocada en fortalecer el vínculo con los vecinos.
“No se trata solo de incautar o detener personas”, señala. “Se trata de mantener reuniones permanentes, levantar información y articular redes de apoyo”. Polanco insiste en que no todo el barrio puede ser reducido a la categoría de delito.
“No todas las personas están en lo mismo. No podemos meterlas a todas en el mismo saco”. Esa mirada también es compartida desde el nivel regional.
El seremi de Seguridad en Ñuble, Héctor Ponce, reconoce que el sector está dentro de las prioridades, pero advierte que no hay soluciones inmediatas. “Esto requiere un trabajo multisectorial, interagencial”, sostiene. “Podemos hacer un operativo, pero el problema va a volver.
Por eso necesitamos un trabajo más profundo”. Uno de los puntos críticos del sector está justo al frente: un sitio eriazo que con el tiempo se transformó en microbasural, con presencia de rucos y vehículos desmantelados. “Ese es el gran desafío de la seguridad pública hoy día”, dice Martínez.
“Cómo recuperar el espacio público para un uso que no sea ilícito”. Desde el municipio, el director de Seguridad Pública, Lautaro Arias, explica que el terreno es privado, pero que ya se están realizando gestiones con el propietario para su limpieza. En paralelo, también se evalúan acciones para retirar las carpas instaladas en el sector, en coordinación con otras instituciones como EFE.
En el plano local, el municipio ha desplegado distintas iniciativas, como el programa “Somos Barrio”, que incluye talleres, ferias de servicios, instalación de cámaras y coordinación con organizaciones sociales. “Hay presencia municipal a través de distintos programas”, señala Arias. “Se trabaja con juntas de vecinos, colegios, instituciones y agrupaciones del sector”.
Sin embargo, todos coinciden en que esas acciones, si bien necesarias, no son suficientes por sí solas. “Este es un trabajo que tiene que ser de años”, plantea Pino. “No es algo que se pueda resolver en uno o dos”.
En ese sentido, Martínez va un paso más allá y plantea la posibilidad de intervenciones estructurales más profundas, lo que denomina “cirugía mayor”: rehacer completamente el barrio, cambiar su diseño y generar nuevas condiciones urbanas. “Son proyectos de alta inversión”, reconoce. “Pero invertir en seguridad urbana siempre es rentable en el mediano y largo plazo”.
¿Hay salida? Las Habas no es un caso aislado, ni siquiera en la comuna. Las mismas autoridades regionales, como el segegob, Marcos Muñoz, ha declarado públicamente, que en sectores del oriente de la ciudad, esta misma dificultad presenta diagnósticos casi idénticos.
Según los expertos, este tipo de configuraciones se repite en distintas ciudades, especialmente en contextos de desarrollo urbano acelerado y planificación deficiente. Por lo mismo, la respuesta a si es posible recuperar el barrio no es categórica, pero sí tiene ciertos consensos. Se requiere intervención urbana, sí.
Pero también trabajo social, coordinación institucional y presencia sostenida del Estado. “Desde eliminar los focos más críticos hasta buscar soluciones habitacionales para quienes quieren salir, el camino es largo”, reconoce el seremi Ponce. Y probablemente ese es el punto más claro entre todos los diagnósticos: no hay soluciones rápidas.
Lo que sí hay es una certeza compartida: sin una intervención integral, sostenida y coordinada, Las Habas seguirá siendo un barrio sin salida.