Se rompió la calma —si es que alguna vez la hubo— en el Partido Nacional Libertario (PNL). Este lunes, el exdiputado Cristián Labbé dio un paso al costado acusando haber sido “cancelado” por sus diferencias internas. La respuesta de Johannes Kaiser no tardó: defensa cerrada de la orgánica y un mensaje sin mucho maquillaje político: acá no hay espacio para pataletas cuando la mayoría decide otra cosa.
“Nosotros no hemos juzgado a nadie. Aquí existe una institucionalidad y funciona”,lanzó Kaiser al noticiero 24 Horas, insistiendo en que —hasta donde sabe— nunca hubo un procedimiento formal contra Labbé. En esa línea, el timonel del PNL remarcó que, si se fue, fue porque quiso.
El excandidato presidencial fue más allá y dejó claro el marco de hierro con el que se mueve el partido: la militancia es voluntaria y reversible. “Si usted no está satisfecho con las decisiones, tampoco es obligatorio ser miembro”, remató. Pero el ruido venía de antes.
La salida de Labbé no cayó del cielo: es el desenlace de meses de fricciones con la directiva, especialmente por una decisión clave del PNL: restarse del gobierno de José Antonio Kast. Ahí se abrió la grieta. Labbé lo dijo sin rodeos en su minuto: era un “desacierto político y táctico” quedarse fuera.
Desde entonces, la relación fue cuesta abajo. Labbé terminó justificando su renuncia con una frase que golpea directo al relato libertario: buscaba “independencia política” porque al disentir “se me juzgó, se me canceló de alguna manera”. “No seguimos su camino” Kaiser, en cambio, lo enmarca como parte del juego político básico.
Reconoce que las ideas de Labbé no fueron acogidas, pero sin dramatizar: “Él tenía perfecto derecho a su opinión (…) lo que pasa es que no seguimos su camino”. Y remata con una advertencia que suena a doctrina interna: en política, las mayorías mandan, y al que no le guste, le tocará perder más de una vez. El episodio tampoco es un hecho aislado.
Tras la presidencial, ya había salido la entonces vicepresidenta Camille Sigl en medio de cuestionamientos similares a la conducción del partido. Aun así, según consigna La Tercera, desde la directiva insisten en que no hay quiebre estructural, sino diferencias puntuales. La línea estratégica —especialmente mantenerse fuera del gobierno—, aseguran, sigue firme.