Aunque muchas veces se las asocia únicamente con la producción de miel, expertos advierten que su verdadero aporte es mucho más profundo: sostienen gran parte de la producción agrícola global y permiten el equilibrio natural de múltiples ecosistemas. Un insecto clave para la alimentación del planeta Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), cerca del 75% de los cultivos alimentarios del mundo dependen, al menos parcialmente, de la polinización realizada por abejas y otros insectos. Sin ellas, productos como manzanas, cerezas, almendras, tomates, arándanos, zapallos o paltas disminuirían drásticamente su producción.
“Las abejas son esenciales para mantener la biodiversidad y garantizar la seguridad alimentaria. Muchas veces no somos conscientes de que gran parte de los alimentos que consumimos diariamente existen gracias a la polinización”, explica Rubí Gatica González, directora de la carrera de Veterinaria de la Universidad del Alba. La importancia de estos polinizadores ha sido reconocida incluso por organismos internacionales y centros científicos.
La Real Sociedad de Geografía de Londres y el Earthwatch Institute llegaron a catalogarlas como “los animales más importantes del mundo” por su impacto en la agricultura y en el equilibrio ecológico. En Chile, además, su aporte resulta estratégico para la economía agrícola. Sin abejas no existirían, en las mismas condiciones, exportaciones emblemáticas como cerezas, arándanos, almendras o paltas, productos fundamentales para el sector agroexportador del país.
¿Qué ocurriría si desaparecieran? La eventual desaparición masiva de las abejas es uno de los escenarios que más inquieta a científicos y ambientalistas. Aunque no significaría la extinción inmediata de la humanidad, sí provocaría profundas consecuencias ecológicas, económicas y alimentarias.
La reducción de polinizadores afectaría directamente la producción agrícola mundial, especialmente de frutas, verduras y semillas. Esto podría traducirse en menor disponibilidad de alimentos, aumento de precios y una disminución importante de la diversidad nutricional. “Sin abejas, muchos ecosistemas comenzarían a deteriorarse progresivamente.
La polinización sostiene no solo cultivos agrícolas, sino también plantas silvestres que sirven de alimento y refugio para otras especies animales”, señala Rubí Gatica. Especialistas advierten además que la desaparición de las abejas afectaría la regeneración natural de bosques y ecosistemas completos, generando impactos en cadena sobre aves, mamíferos e insectos. El académico Edwar Fuentes Pérez, de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile, enfatiza que la polinización “es fundamental para el correcto funcionamiento de los ecosistemas y la producción de alimentos, ya que las abejas realizan gran parte de la polinización de plantas silvestres y domésticas”.
Una especie amenazada por el cambio climático y la acción humana Pese a su relevancia, las poblaciones de abejas atraviesan una preocupante disminución en distintas partes del mundo. Entre las principales amenazas aparecen el cambio climático, el uso intensivo de pesticidas, la contaminación, la pérdida de biodiversidad, los monocultivos y la expansión urbana. A esto se suma la reducción de flores y espacios naturales necesarios para su alimentación y reproducción.
En Chile, especialistas y apicultores también observan con preocupación los efectos de la megasequía y las altas temperaturas, que han reducido la disponibilidad de flora para las colmenas y afectado la producción de miel. “La fragmentación de hábitats nativos, el uso de agroquímicos y el cambio climático amenazan tanto a las abejas domésticas como a las especies silvestres”, advierten investigadores de la Universidad de Chile. Actualmente, Chile cuenta con más de 460 especies de abejas nativas registradas.
A diferencia de la abeja doméstica europea (Apis mellifera), muchas de ellas son solitarias y cumplen funciones específicas en la polinización de flora endémica. “Muchas no producen miel, anidan en el suelo o en tallos y tienen relaciones muy específicas con plantas nativas. Son fundamentales para mantener ecosistemas y biodiversidad”, explica Fuentes.
Mucho más que productoras de miel Además de su rol ecológico, las abejas poseen características sorprendentes. Son insectos altamente organizados, capaces de comunicarse mediante movimientos y “bailes” para indicar la ubicación de flores y alimento. “Poseen una organización jerárquica extraordinaria, tienen una impresionante visión compuesta por cinco ojos y destacan por ser trabajadoras incansables”, explica Rubí Gatica.
Las abejas también producen miel, propóleo, cera y jalea real, productos ampliamente utilizados en alimentación, medicina natural y cosmética. Desde el ámbito científico, investigadores estudian además las propiedades biológicas de la miel. Según el profesor Edwar Fuentes, este alimento contiene fructosa, glucosa, aminoácidos, proteínas, enzimas, polifenoles y compuestos antimicrobianos que le otorgan propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y antibacterianas.
“Esta composición particular le confiere funcionalidad biológica y propiedades nutricionales relevantes”, sostiene el académico. Incluso, investigaciones recientes analizan cómo la estructura coloidal de la miel influye en su capacidad antibacteriana y regeneradora de tejidos. El auge de la apicultura chilena Pese a las amenazas, la apicultura chilena atraviesa un período de expansión internacional.
Según cifras del Sistema Oficial de Información Pecuaria (SIPEC), durante 2024 se registraron 5. 690 apicultores y más de 1,1 millones de colmenas a nivel nacional. Las regiones del Maule y O’Higgins concentran la mayor cantidad de colmenas, mientras que La Araucanía y Maule lideran el número de apicultores registrados.
Ese mismo año, Chile exportó más de 4. 100 toneladas de miel, alcanzando ventas por USD 14,7 millones, con destinos como Alemania, Estados Unidos y Francia. Pero el crecimiento no solo ocurre en la miel.
Las exportaciones de abejas reinas y paquetes apícolas crecieron con fuerza, consolidando a Chile como referente internacional en genética apícola. Uno de los elementos más valorados internacionalmente es la identidad botánica de las mieles chilenas, muchas de ellas provenientes de flora nativa como quillay, ulmo, peumo, boldo o avellano. La miel monofloral de ulmo, por ejemplo, cuenta con Denominación de Origen desde 2021, reconocimiento entregado por el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI).
El bosque nativo y las abejas: una relación inseparable Para investigadores como Gustavo Cruz, académico de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile, proteger a las abejas también implica proteger el bosque nativo. El especialista, junto a investigadores como Natalia Varela y Mario Gallardo, participó en la elaboración del Manual Apícola de especies melíferas del bosque y matorral nativo esclerófilo de la zona central de Chile, una obra que busca conectar la práctica apícola con la conservación de la flora chilena. El objetivo es que los apicultores puedan identificar especies melíferas, registrar floraciones y comprender qué recursos entrega cada planta durante el año.
Para los especialistas, conservar ecosistemas como el bosque esclerófilo —donde predominan especies como quillayes, peumos y boldos— es clave para asegurar la supervivencia futura de los polinizadores. ¿Cómo ayudar a las abejas? Frente al deterioro de las poblaciones de abejas, especialistas recomiendan acciones simples que pueden marcar diferencias importantes: Plantar flores y especies nativas.
Evitar el uso excesivo de pesticidas. Favorecer jardines y áreas verdes biodiversas. Consumir miel proveniente de apicultura responsable.
Promover la educación ambiental sobre biodiversidad y polinización. Cubrir piscinas o recipientes con agua cuando no estén en uso para evitar que las abejas se ahoguen. “Cuidarlas no es solo proteger a un insecto; es cuidar la naturaleza, los alimentos que llegan a nuestras mesas y el futuro de las próximas generaciones”, concluye Rubí Gatica.
En tiempos marcados por el cambio climático y la pérdida acelerada de biodiversidad, el Día Mundial de las Abejas recuerda una verdad tan simple como urgente: gran parte de la vida en el planeta depende de criaturas diminutas cuya labor suele pasar inadvertida, pero resulta absolutamente indispensable.