La diputada frenteamplista Tatiana Urrutia marcó esa línea. “Nosotros como Frente Amplio vamos a estudiarlos bien, cada uno en sus méritos y haremos una bajada respecto a cada uno de ellos en términos puntuales. No estamos en una posición por rechazar todo”, comentó en entrevista con La Tercera.

Y agregó una señal política hacia un sector de la derecha: “Esperamos encontrar en Chile Vamos también una posición más de diálogo, dado que no se está viendo eso desde los partidos más de extrema derecha”. La estrategia que hoy se conversa en la centroizquierda apunta precisamente a eso: apoyar medidas de rápida aprobación –como reconstrucción, pymes o desburocratización–, mientras concentran resistencia en el corazón ideológico del proyecto. El diputado César Valenzuela (PS) le puso cara al diálogo con Chile Vamos: “Yo espero que sectores moderados de la derecha, como el diputado Diego Schalper, le puedan dar razonabilidad al proyecto que quiere ingresar el Gobierno”.

Y es que la oposición ve en Chile Vamos al sector más proclive dentro del oficialismo a introducir moderaciones a la iniciativa y a cuestionar su diseño legislativo, especialmente tras los reparos públicos de figuras como la senadora Paulina Núñez a la fórmula de ley miscelánea impulsada por La Moneda. Desde la centroizquierda consideran que Renovación Nacional, a diferencia de sectores más duros del bloque, como republicanos o libertarios, podría abrirse a ajustes que permitan dividir la iniciativa, separar materias de alto consenso y revisar aspectos controvertidos como la rebaja de impuestos a empresas, apostando así a que actúe como un contrapeso interno que entregue esa “razonabilidad” al texto durante su tramitación. Consultado por El Mostrador, el diputado Schalper (RN) fue categórico: “Sucede que el proyecto contempla medidas que solamente producen el efecto de reactivar la economía y fomentar el desarrollo social en la medida que se consideran conjuntamente.

Por eso, le pedimos a la oposición que respete el mandato de la ciudadanía, que con un 58% de apoyo se manifestó a favor del programa del Presidente Kast”. De todas formas, el parlamentario y jefe de la bancada RN se mostró de acuerdo con la idea de encontrar acuerdos con grupos de la oposición para la aprobación del paquete. Cabe mencionar que la UDI rechaza dividir el proyecto como pide la oposición y defiende que ingrese como un solo paquete, argumentando que se trata de un plan integral de crecimiento cuyo impacto se perdería si se fragmenta.

La verdadera línea roja: impuestos a empresas Donde la oposición promete dar la pelea más dura es en la rebaja tributaria. El proyecto contempla, entre otras medidas, bajar gradualmente el impuesto corporativo de 27% a 23% hacia 2028, con un eventual incentivo adicional que podría llevarlo hasta 20% en ciertos casos ligados a creación de empleo. Para la izquierda, ese punto constituye el verdadero núcleo político de la iniciativa.

“Es un mal proyecto, tal como lo conocemos hoy día en la prensa. No recauda más fondos para el Estado, les reduce los impuestos a las grandes fortunas de este país y no genera más crecimiento económico”, cuestionó el diputado Valenzuela tras el emplazamiento a Schalper. En esa línea, la oposición busca instalar que detrás de la narrativa de reconstrucción existe en realidad una “reforma tributaria encubierta” favorable a sectores de mayores ingresos.

Parte de la tensión se ha agravado por el propio estilo del ministro Jorge Quiroz, cuya relación con la oposición comienza a tensionarse. Brito acusó que el titular de Hacienda ha tenido una actitud cerrada en la instancia parlamentaria. “Lamentablemente, el ministro Quiroz en la Comisión de Hacienda ha sido un muro bastante intransigente, no ha atendido ni siquiera las preguntas que se le han formulado, y el costo de eso es la falta de entendimiento”, comentó.

Las críticas se suman a la molestia opositora por otras decisiones recientes de Hacienda, como el ajuste al Mepco, el endurecimiento del cobro del CAE y declaraciones del propio ministro que han generado ruido en la izquierda. El primer gran test de Kast La apuesta de La Moneda no es menor. El proyecto no solo concentra buena parte de la agenda económica del Ejecutivo, sino que también será la primera prueba real de gobernabilidad de la administración de Kast.

Más aún considerando que en el Congreso el oficialismo no tiene mayoría asegurada y necesita negociar cada voto. Por eso, en la oposición saben que la discusión no será solo técnica. Será política, simbólica e ideológica.

Y en varios sectores ya la leen como un verdadero plebiscito temprano sobre el modelo económico que busca instalar el nuevo Gobierno.