En cuanto a Lenguaje y Comunicación, se evidenció que —al igual que historia— aunque hubo paridad en el equipo de elaboración, las citas de mujeres en actividades alcanzan solo un 37%. Asimismo, se observó un patrón de inmovilidad femenina; mientras los hombres son descritos en acción, las mujeres suelen representarse en estados contemplativos o pasivos. Pasando a Ciencias Naturales y Ciencias de la Ciudadanía, se constató que si bien, existen esfuerzos por destacar a mujeres científicas, se omiten las barreras estructurales, salariales y la violencia de género que enfrentan en el ámbito científico.

También se detectó que los contenidos de sexualidad y reproducción omiten a las disidencias sexo-genéricas, abordan la familia bajo un modelo exclusivamente heterosexual y priorizan una visión biologicista sin perspectiva de género. En cuanto al uso del lenguaje en la totalidad de los textos, se observó que la mayoría incluyen una advertencia editorial respaldada en la RAE que descarta el uso de un lenguaje inclusivo, justificando una postura binaria y unitaria. Además, se evidenció un uso sobreabundante del masculino como universal que invisibiliza a mujeres y diversidades y refuerza la estructura patriarcal.

El informe concluye que a una década de los primeros estudios, los fundamentos de los textos escolares siguen siendo predominantemente masculinos, blancos y occidentales. Se señala que no basta con incluir nombres de forma cosmética; el proceso exige una reestructuración profunda del discurso educativo para erradicar el sexismo, diversificar los modelos culturales y «descolonizar la mirada» hacia relatos plurales y de mayor justicia social. En conversación con El Ciudadano, Sandra Palestro, socióloga e integrante de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, reflexionó sobre la resistencia de los currículums escolares a experimentar transformaciones más profundas: “El curriculum educativo y, por ende, los textos escolares son el reflejo de una visión de mundo, de una ideología dominante que se reproduce de generación en generación.

En nuestra cultura, occidental y cristiana, las mujeres fuimos asignadas al mundo privado, desprovisto de historicidad, sin importancia, sin valor. Los descubrimientos, invenciones, acciones heroicas, reinados, gobiernos, etc. etc.

son protagonizados por hombres”, señaló. Además, declaró que no es necesario verbalizar la existencia de una supremacía masculina, ya que basta con aprender el relato histórico para que todas y todos lo asumamos como una constatación y a esto se le denomina violencia simbólica. Además, enfatizó en la necesidad de persistir en lo que el feminismo ha logrado en esta cultura: la emancipación de las mujeres, su afirmación y autonomía, la visibilización de su historicidad, entre otras.

Por otro lado, respecto a la forma en que la narrativa reduce a las mujeres a un plano anecdótico y como esto sigue reproduciendo la violencia y desigualdad de la socialización del estudiantado, Palestro declaró: “Al otorgar a la acción masculina todas las transformaciones sociales y culturales acaecidas en la historia. Con ello, las relaciones entre los sexos están marcadas por una desigualdad de poder, que los hombres asumen como “natural” y someten a las mujeres, de manera consciente o inconsciente, a sus mandatos, con el riesgo de violencia física y/o psicológica como amenaza patente o latente sobre ellas”. Palestro concluyó que, “las mujeres requerimos la unidad, el colectivo, estar y pensar colectivamente, para imaginar una vida sin violencia y enfrentar el desafío de transformaciones estructurales”.

Por último, cabe destacar que el estudio quedará disponible para su descarga en: https://www. nomasviolenciacontramujeres. cl/ Por último, cabe destacar que el estudio quedará disponible para su descarga en: https://www.

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