Uno de los puntos que discutieron fue la reconstrucción de las migraciones humanas. Quintana-Murci recordó que todos los ancestros de la humanidad actual estaban en África hace 300,000 años y que un grupo pequeño salió del continente hace 60,000 años. Sobre el encuentro con otras especies, Quintana-Murci fue enfático: “Hace unos 10 o 12 años sabemos perfectamente que los humanos nos mezclamos con los neandertales”.
Todos los humanos actuales, excepto los de origen puramente africano, tienen entre un 2% y 3% de ADN neandertal. Esta mezcla no fue solo anecdótica, sino una ventaja evolutiva: “El mestizaje es un vehículo para adaptarse mejor”. Biodiversidad y la amenaza de la extinción Juliana Viana compartió hallazgos sorprendentes sobre los pingüinos, revelando que su origen no es antártico, sino que diversificaron en la región de Australia y Nueva Zelanda hace 22 millones de años antes de colonizar la Antártica.
Sin embargo, Viana advirtió sobre la precaria situación de la fauna chilena. Especies como el huillín, el chungungo, el zorro y la huiña presentan la menor diversidad genómica de sus respectivos géneros a nivel mundial. “Especies que tienen baja diversidad en el genoma son especies que tienen una baja tasa de capacidad adaptativa y una gran posibilidad de extinguirse”, alertó la bióloga.
El futuro: Medicina de precisión y ética Mirando hacia adelante, los expertos discutieron la medicina de precisión. Quintana-Murci explicó que, si bien nacemos con ciertos riesgos genéticos a enfermedades como el Alzheimer o la diabetes, la clave está en la interacción con el ambiente: “Lo que sí podemos cambiar es el ambiente, el tipo de vida”. En cuanto a la edición genética, Viana mencionó los beneficios de técnicas como CRISPR, que ya ha logrado curar enfermedades genéticas, pero advirtió sobre la necesidad de regulación: “Hay muchos beneficios, pero que hay que ser regulados… no hay que olvidar la importancia de la diversidad”.