Un aspecto crítico que abordó el reporte técnico fue la fragilidad de los suelos afectados por los recientes incendios forestales. La pérdida de cobertura vegetal disminuyó la capacidad de infiltración del agua y elevó significativamente el riesgo de erosión y deslizamientos de tierra ante las nuevas lluvias. Frente a este escenario, la Unidad de Alerta Temprana Regional del Biobío solicitó precaución y labores de mitigación inmediatas.

"Mantener monitoreo de sectores vulnerables, especialmente cursos de agua y quebradas, y considerar posibles desbordes o arrastre de sedimentos en zonas cercanas a cauces", indicó el organismo en su comunicación oficial a los integrantes del sistema de emergencias. Asimismo, la institución instruyó a las municipalidades a inspeccionar de forma permanente la red de evacuación de aguas lluvias y los sumideros para evitar obstrucciones por cenizas o material vegetal arrastrado desde las zonas quemadas. También exigió identificar y priorizar la vigilancia en laderas y taludes artificiales que presentaron riesgo de remoción en masa.

En cuanto al viento, los registros estimaron ráfagas que alcanzaron hasta los 50 kilómetros por hora en la zona cordillerana. Por ello, el organismo pidió a las empresas de distribución eléctrica que dispusieran de brigadas de respuesta rápida ante eventuales cortes de suministro provocados por la caída de árboles. Finalmente, SENAPRED recomendó a los habitantes no transitar por laderas quemadas ni cauces secos, instó a evitar labores de limpieza en pendientes inestables sin evaluación técnica previa y exigió mantenerse informados exclusivamente mediante los canales oficiales.