Pero si algo enseña la experiencia es que la estabilidad no se construye negando esa complejidad, ni reduciendo la diversidad a un problema de orden público. Se construye generando condiciones de reconocimiento que, aunque imperfectas, permitan sostener el vínculo entre el Estado y sus territorios. Lee también...
Gobierno elimina Unidad de Pueblos Indígenas del Ministerio de Bienes Nacionales Viernes 20 Marzo, 2026 | 15:49 Desde el Congreso, nuestro rol es claro: fiscalizar, exigir fundamentos, hacer visible lo que muchas veces queda opaco en decisiones administrativas. Pero también contribuir a que el debate no se degrade en posiciones irreconciliables, porque cuando eso ocurre, lo que se debilita no es solo una política, sino la posibilidad misma de gobernar en común. El desafío, entonces, no es menor.
Se trata de decidir si vamos a gestionar estas tensiones ampliando los espacios de reconocimiento o reduciéndolos. Si vamos a asumir la diversidad como una riqueza que exige más política, o como un problema que se intenta contener. Ese es el debate de fondo.
Evitarlo no resuelve el conflicto: lo posterga y lo agrava.