Intentar ver lo que no se ve: el tiempo que requiere, el trabajo que implica, el equilibrio que exige y el importante costo que supone para todos los que participan en ella. Tal vez entonces el viejo dicho se entienda mejor. No porque los pleitos deban evitarse siempre, sino porque quien ha pasado por uno sabe que ganar no significa salir intacto.
Y que la verdadera fortaleza de la Justicia no está en que nunca falle, sino en que, incluso con sus límites, sigue siendo el único camino legítimo para resolver los conflictos sin recurrir al uso primitivo de la fuerza.