“Nos enfrentamos a una contienda electoral y también en algunos distintos momentos de diferencias políticas que tuvimos. Y las tuvimos y no las ocultamos, y creo que también es sano, es bueno poder plantear siempre con respeto”, dijo. Agregó que “a veces nos cuesta perdonar, pero se puede.

Aquí, con varios más de lo que ustedes se imaginan, nos hemos perdonado, nos hemos reencontrado. Y con los que me falte, ya nos reencontraremos y ya nos perdonaremos (risas)”. Con el prisma de hoy, entre los leales a sangre al exPresidente hay quienes destacan estos pasos como “una comunión de ideas”.

Que no hay espacio para seguir anclados en el pasado. Sobre todo, hacen ver, con toda la venosidad de nexos con el actual Gobierno, donde listan varios asesores, jefe de división, subsecretarios y ministros que sirvieron bajo las órdenes de Piñera o le eran cercanos, comenzando por Claudio Alvarado (Interior), Max Pavez (subsecretario del Interior), José García (ministro Segpres), Constanza Castillo (subsecretaria de la misma cartera), y muchos otros. Pero -nuevamente los matices- también hay voces que echan de menos densidad en estos gestos.

Decidor es que se haga ver que hace un par de semanas Gonzalo Blumel (ex ministro del Interior) dijera en Radio Rock & Pop que valoraba el esfuerzo de Kast por recomponer relaciones con un mundo con el que “fue particularmente duro” pero que falta “mucho trabajo por hacer” sobre todo “porque la pista se va a poner pesada más adelante”. Es más. Algunos dicen sentirse interpretados por otra cosa que dijo Blumel.

Que el episodio en la UDD “contribuye” pero que “todavía falta una explicación de por qué aquello que tanto se criticaba hoy se valora” porque cuando las explicaciones ”son creíbles hay más convicción y mucho más compromiso”. Sigamos con los gestos. Uno que se rescata y se agradece mucho -subrayan- fue que el Gobierno le pusiera suma urgencia (13 de abril) al proyecto de ley para el monumento a Piñera, que a la larga se aprobó.

Haya sido o no una orden presidencial, en La Moneda comentan que fue “un gesto de gratitud y reconocimiento”, y que la decisión fue visada en el Comité Político. Y pese al ruido en torno a los Liceos Bicentenario (asunto que ocupa directamente a su familia, comenzando por Cecilia Morel y su hija Magdalena), en el piñerismo químicamente puro, ese que ha estado hace décadas a su lado, argumentan que a través de dichos establecimientos tomaron conocimiento de que el Gobierno había repuesto los equipos técnicos que acompañan a los liceos. Y que eso se agradece mucho.

En este lado blanco de la gama, dos voces conocedoras por el lado piñerista afirman que la Primera Dama, María Pía Adriasola, mantiene contacto con la familia. “Grandes exministros” Con todo, la voluntad y convicción de la mayoría del mundo piñerista es colaborar y apoyar el Gobierno. Y desde esa perspectiva, que algunos califican de “aportes”, es que relevan otras advertencias de fondo que se han hecho ver al devenir del Gobierno.

El ajuste fiscal también ha levantado cejas ante las dudas por el relato de fondo y la impronta de una administración que -hasta ahora, habrá que ver cómo desenrolla su narrativa en la Cuenta Pública- no da pistas de ceder en lo sustantivo. Por ejemplo, esta semana el exvocero y hoy alcalde de Providencia Jaime Bellolio refrendó una advertencia que el exministro y exsubsecretario de Educación, Raúl Figueroa, hizo dos veces en tres días: que la política fiscal no puede transformarse en la identidad del Gobierno, entre otras cosas, porque invisibiliza y opaca a los ministros sectoriales. Y que la administración Kast ojalá explique bien que se trata de mayor eficiencia sin limitar derechos.

A señales como esta el piñerismo le pone el siguiente marco. Que si dificílmente a Figueroa se le podría asociar con la “derechita cobarde” es porque no se trata de un “aporte” desde ninguna trinchera -si fuera esa la visión más dura desde el barrio republicano- sino porque es una observación sensata. Todo indica que al menos mientras no se cierre el capitulazo del megaproyecto y el ajuste fiscal, la nueva fase de esta historia está escribiéndose.

La controvertida indicación gubernamental para que instituciones de salud, educacionales y previsionales informen al Servicio Nacional de Migraciones o la PDI de extranjeros irregulares que atiendan impulsó al exministro Jaime Mañalich a criticarla en una columna de opinión y a que el subsecretario Pavez saliera a explicar el punto y declararse llano a responder inquietudes, “incluyendo a mi querido amigo”. Las y los piñeristas no niegan que seguirán atentos a lo que ocurra. Uno de ellos hace ver con tono de atención recientes reportes de que el pretendido recorte al 15% de la PGU no tenía sustento técnico, como acusó una nota de CIPER.

Y en ese episodio, un exministro asegura que una de las versiones que circulan apunta que Hacienda podría haber tentado a la suerte incluyendo ese recorte… en la misma línea que hace algunas semanas se comentó respecto al equívoco respecto de incluir o no el límite a la gratuidad en el megaproyecto. Nota final. Aunque hay distintas formas de clasificar a las distintas tribus del piñerismo, una de las que se recalca sostiene que por un lado están quienes fueron ministros y subsecretarios en el segundo Gobierno, que estuvieron con él hasta el final y que padecieron la pandemia, el estallido y los ataques del ala dura, y que por otro están los del primer Gobierno, algunos de los cuales se endurecieron mientras observaban lo anterior.

No son mundos separados sino que complementarios. Bonus track. Por lo mismo, las conversaciones y reflexiones con que procesan todo esto fluyen en distintos espacios: diálogos presenciales, encuentros, comidas, y varios grupos de mensajería.

Pero no tanto en el mítico grupo de WhatsApp “Grandes Exministros” creado por Piñera cuando estaba en La Moneda y que sigue activo, aunque mucho menos que antes. La razón principal es que ahí siguen varios de quienes se fueron al gobierno de Kast, quienes adscribieron hace tiempo a la vereda más dura, o quienes se cuadraron con él antes de la primera vuelta. Unos insinúan que ya no es un espacio de plena confianza.

Otros, que ahí no se comentan estas cosas “por respeto”.