El título de esta columna no es un error o una interpretación antojadiza de una realidad que cada día sorprende más a la comunidad científica y, por cierto, a la sociedad misma. Hoy en día, ser un Therian –o convertirse en uno de ellos– define a aquellas personas de distintas edades que experimentan interna –e intensamente– sentirse identificadas con una diversidad de animales. En el corazón de quienes pertenecen a esta nueva “comunidad emergente”, la fuerte conexión física, mental y espiritual con un animal no la ven como una suerte de disfraz o de un pasatiempo cualquiera, sino que directa y claramente con el “teriotipo” (o “theriotype”, en inglés), es decir, con aquella especie animal con la que un determinado sujeto siente que su esencia está vinculada.

Para esta comunidad –que ya se ha extendido a nivel global– la condición que viven y que experimentan las personas con mucha fuerza, no representa una especie de creencia o algún tipo de religión, sino que por el contrario, una gran mayoría de sus integrantes asegura “sentir que ha nacido así”, declarando además, no “saber qué es lo que causa la teriantropía”. Al respecto de este tema, es preciso dejar en claro que en este caso no se trata de una suerte de reto o de uno de los tantos “desafíos virales” que surgen en las redes sociales, por cuanto, aquellas personas que abrazan la identidad therian describen la vivencia como “profunda, involuntaria y ajena a una elección de carácter personal”. Ahora bien, muy lejos de ser un tema o de una ocurrencia que haya surgido a última hora nacida de algún algoritmo relacionado con las redes sociales, esta condición cuenta con una historia de más de tres décadas de existir, con una terminología propia y con comunidades que –hasta hace muy poco tiempo atrás– vivían al margen de las redes digitales.

Con la finalidad de comprender de manera más profunda este fenómeno, es preciso analizar la terminología en uso y constatar de dónde surge –etimológicamente– el concepto “therian”, por cuanto, su origen proviene del griego y surge del término “teriantropía”, la unión de las palabras “therion” (bestia) y “anthropos” (ser humano), en función de lo cual, hoy en día, ser un therian define a aquellos individuos que experimentan internamente una fuerte identificación con un animal no humano. En este sentido, los therians son personas –generalmente jóvenes– que se identifican a nivel mental, espiritual y psicológico en forma profunda con uno o varios animales, sin creer que son físicamente ese animal. No se trata de un hobby o de una mera entretención –muy lejos de eso–, sino que de una experiencia interna e involuntaria de conexión animal que ha ido ganando cada vez más visibilidad a través de distintas redes sociales tales como TikTok, Instagram, YouTube, etc.

, una realidad marcada además, por el uso de máscaras, colas y comportamientos tales como: realizar saltos, subirse a árboles, correr a cuatro patas (o “quadrobics”), etc. , en espacios abiertos, a menudo en grupos, tales como han sido vistos en Argentina, México, Colombia, Estados Unidos, España y en otros países de Europa.