La tradicional conciencia popular chilota da por sabido y avala la decisiva participación de las serpientes Cai-Cai y Ten-Ten en la desmembrada conformación del archipiélago de Chiloé, por lo que se podría colegir que los arrebatos de estas el 22 de mayo de 1960, tuvieron efectos impresionantemente devastadores. El sismo -de extrema violencia- provocó un drástico cambio de la fisonomía insular, hubo anegamientos de vastas extensiones de terreno y el litoral marítimo decididamente fue modificado. El mar en un comienzo se recogió silenciosamente, para luego volver arrasando todo a su paso con singular sigilo.

El ruido bajo el suelo era ensordecedor. En ese tranquilo domingo de otoño el archipiélago se estremeció con furia desatada y manifestó una inestabilidad tal, que cerros enteros fueron desplazados de su posición original, y en general, el terreno experimentó un hundimiento cercano a los dos metros, inicialmente. ¡Increíble, realmente increíble!

Al despertar Cai-Cai, para sorprender a Ten-Ten, fue entonces repentino y violento, con intención de recuperar los dominios perdidos. Ten-Ten, reaccionó y arremetió con firmeza tratando de mantener la integridad del terruño insular, lo que produjo que el archipiélago en su totalidad se removiera con tal magnitud, produciéndose notables cambios en el relieve. El encontrón entre ambas serpientes fue extraordinariamente ¡fuerte!

Ten-Ten tras una breve y ardua contienda, triunfante apacigua los vanos y reiterados intentos de Cai-Cai para provocar aún repentinos sacudones de cierta marcada intensidad, logrando alejarla; entonces la calma vuelve nuevamente en forma paulatina. Así, de este modo podríamos explicar, a modo de metáfora, lo que aconteció ese triste día en Chiloé. Eran las 15:11 horas de la tarde, de aquel domingo 22 de mayo que no quisiera volver a recordar, pero que quedó grabado en mi memoria en forma indeleble.

Era un día de otoño como cualquier otro, con ligera nubosidad, sin presagios de lluvia inminente. De pronto, el suelo comienza a ¡sacudirse! , cada vez con mayor frecuencia e intensidad; los muros comienzan a resquebrajarse, los muebles y enseres se desplazan por el suelo.

Sorprendidos, nos parapetamos bajo el dintel existente entre la cocina y el pequeño pasadizo próximo al living. Eran los sacudones de tal magnitud que apenas nos podíamos mantener de pie. Atiné a coger una paneras de plaqué del mueble próximo, las utilizamos como cascos para protegernos de los trozos de concreto que se iban desprendiendo tras los sacudones cada vez más intensos.

Los muebles bailaban por el piso como si fueran de material ligero. La cocina ya sin su caño se colocó como tranca frente a la puerta de salida al patio; los aparadores se vaciaban con violencia escupiendo su contenido tras cada sacudida. El ambiente comenzó a oscurecerse con el polvo desprendido, lo que nos impedía ver lo que estaba ocurriendo; apenas, si alcanzamos a balbucear unos padrenuestro y avemarías.

Nuestras piernas temblaban y doblaban como se fueran de trapo. El suelo por instantes parecía subir como un ascensor, para descender de igual modo, o bien parecía que de momentos nos íbamos hacia un lado para luego volver hacia el otro, otras el movimiento parecía ser circular. El ruido era ensordecedor.

La situación nos parecía ¡interminable! Mi padre (Guillermo), de pronto apareció en la puerta; yo estaba junto a mi madre (Hilda), hermana (Miriam) y “Bego” y “Paco” (hijos de mi padrino Francisco Mallagaray), sujetándose como podía, balbuceando: La cocina al interponerse y cerrarnos el paso -en nuestra primera intención de arrancar al patio- fue nuestra salvación, pues este se encontraba regado de escombros provenientes de las chimeneas y los tambores del agua caliente, colocados sobre la techumbre, también se encontraban allí. Al sobreponernos un poco del susto inicial, entre sacudidas, logramos abrir la puerta de calle y salir.

Nos impresionó ver como la casa del frente ¡no tenía el primer piso! , se veía el segundo como primero. De pronto vimos cómo sus moradores, iban emergiendo desde abajo; no supimos cómo se salvaron.

El mega sismo de mayo de 1960 marcó un hito, por los 9. 5° Richter que hizo saltar las agujas de los instrumentos de medición de la época, nunca antes registrado a nivel mundial. Asimismo, templó nuestras voluntades; en solidaria ayuda y compromiso, logramos superar los embates y enfrentar el devenir con optimismo.

Hoy Chiloé es una provincia pujante y de promisorio futuro, con habitantes solidarios y emprendedores que han sabido desarrollar el turismo con éxito no solo a nivel nacional, además de promover su singular cultura vernácula. Embajador cultural: Miguel Jiménez C.