El técnico de PSG, Luis Enrique, acaba de meter a su equipo en la segunda final consecutiva de la Champions League y eligió celebrar su cumpleaños número 56 con un gesto que no sorprende a nadie que lo conozca: reservó mesa en el restaurante Prunier, un exclusivo local especializado en caviar y marisco ubicado cerca del Arco del Triunfo en París, invitó a sus jugadores y decidió no aparecer. Una historia que en cualquier otro entrenador sería inexplicable, pero que en él resulta simplemente coherente con su forma de ser. La información fue revelada por el diario Le Parisien, que detalló el establecimiento elegido y confirmó la llamativa ausencia del festejado.

El plantel del elenco de la capital francesa, todavía en modo celebración tras eliminar a Bayern Munich y asegurarse el boleto a la definición del torneo, se encontró con una fiesta sin anfitrión. Mientras sus dirigidos disfrutaban del convite, el asturiano ya tenía la mente puesta en el siguiente objetivo: la final de Budapest.