Además, admiten que ningún Presidente quiere abrir una crisis política removiendo ministros a semanas de asumir. La conclusión interna es pragmática: no habrá ajuste de gabinete antes de cinco meses, salvo catástrofe mayor. Los errores que complican Eso no significa que no existan alertas.
Sedini ha acumulado varios flancos en pocas semanas: Debió salir a corregir la polémica por el concepto de “Estado en quiebra”, después que el propio Gobierno terminara desmarcándose de esa expresión. Enfrentó críticas por asegurar erróneamente que Galvarino Apablaza estaba condenado por el asesinato de Jaime Guzmán, cuando en realidad solo está procesado. Ha sido cuestionada por sus inasistencias a comisiones del Congreso, las que justificó por “topes de agenda”.
Y ha debido responder por controversias sobre test de drogas en el gabinete y retrasos del Plan de Reconstrucción Nacional. Todo eso en medio de una semana especialmente difícil para el Ejecutivo, en cuyo marco en sectores oficialistas reconocen que este tipo de errores alimentan la percepción de improvisación. La ministra peor evaluada Los números tampoco la ayudan.
Según un estudio de la agencia SOUL, Sedini aparece como la ministra peor evaluada del gabinete en redes sociales, con un 56,6% de sentimiento negativo y apenas 24,8% positivo, liderando además en volumen de menciones e interacciones. Las encuestas internas y externas coinciden en que su instalación pública ha sido compleja y que no ha logrado sintonizar con la ciudadanía ni con la oposición, como tampoco del todo con sectores del oficialismo. Pero más allá de los errores puntuales, dentro del oficialismo hay una crítica de fondo sobre su desempeño.
Uno de los cuestionamientos más repetidos entre parlamentarios y asesores es que Sedini no ha logrado encontrar el tono institucional que exige el ser portavoz presidencial. En palabras que se repiten en privado en el oficialismo: “No ha logrado dar con el tono de un portavoz del Presidente, y no logra salir del todo de su estilo de ‘Sin Filtros’”. La referencia apunta a su pasado como panelista y figura mediática confrontacional, una impronta que algunos consideran útil en campaña, pero problemática para una vocería de Estado.
Porque aunque Sedini ha insistido públicamente en que “el estilo lo pongo yo” y que ese también es “el estilo del Presidente Kast”, en Palacio varios creen que ser vocera no es simplemente salir a responder preguntas, sino administrar crisis, ordenar relato y representar institucionalmente al Ejecutivo. Y ahí está precisamente la gran duda interna: pocos imaginan hoy a Mara Sedini enfrentando con solvencia una crisis de alta complejidad, como podría ser una emergencia nacional o un terremoto. El activo que no se explota Paradójicamente, algunos en el oficialismo creen que el Gobierno tampoco ha sabido explotar uno de sus atributos más potentes: su perfil humano y biográfico.
Sedini, madre de acogida desde la pandemia, con trabajo ligado a infancia vulnerable y colaboración con la Fundación Abrázame, posee una historia personal que en La Moneda varios consideran subutilizada. “No se le ha sacado partido a su lado más humano”, comentan en el sector, apuntando a que ese perfil podría ayudar a suavizar su imagen pública y ampliar su conexión ciudadana. El veredicto en Palacio Por ahora, el diagnóstico en el oficialismo es dual: Sedini está lejos de consolidarse, pero también lejos de caer.
Más que una ministra en peligro, hoy en Palacio la ven como una figura en formación. Una especie de vocera en práctica, aprendiendo sobre la marcha en uno de los cargos más ingratos del gabinete. El problema es que en política los aprendizajes suelen ser rápidos o brutales.
Y mientras Kast la mantiene blindada, en el Congreso, entre diputados oficialistas y en el entorno presidencial siguen observando cada paso con atención quirúrgica. Porque si algo está claro en La Moneda, es que Mara Sedini no será removida pronto. Pero también que ya comenzó la cuenta regresiva para demostrar que puede consolidarse como ministra y dejar atrás una vocería que, por momentos, parece más propia de un panel de streaming que de La Moneda.