Académico de la Universidad de Talca explicó que no existe una hora universal para estudiar y afirmó que el descanso y los hábitos marcan la diferencia. Definir si conviene estudiar en la mañana, la tarde o la noche no tiene una respuesta única. Cada persona responde a un ritmo biológico distinto, conocido como cronotipo, que determina los momentos de mayor energía, concentración y alerta mental.
El académico Roberto Ferreira, de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Talca, explicó que algunas personas rinden mejor en las primeras horas del día, mientras otras alcanzan su mejor desempeño durante la tarde o incluso en la noche. “Lo más importante es dormir lo suficiente, independiente de la hora en la que nos acostemos. Que tengamos un espacio de sueño de unas 7 a 9 horas”, afirmó el especialista en neurociencias.
El experto advirtió que estudiar durante toda la madrugada puede perjudicar el rendimiento académico, especialmente si existe una evaluación al día siguiente. “No recomiendo que alguien estudie hasta las cinco de la mañana si tiene un examen al día siguiente”, sostuvo. Adolescencia y horarios desajustados Ferreira señaló que muchos horarios escolares no coinciden con los ritmos naturales de niños y adolescentes.
Explicó que los jóvenes suelen presentar un retraso en sus ciclos de sueño, por lo que concentran más energía en la noche. “Esto los perjudica enormemente, ya que muchos estudiantes duermen menos de lo recomendado”, enfatizó. Hábitos que mejoran el aprendizaje El académico recomendó evitar el uso de pantallas antes de dormir, debido a que la luz azul altera la producción de melatonina, hormona clave para conciliar el sueño.
“Lo ideal es tener un descanso de unas dos horas antes de irse a acostar”, indicó. También sugirió cenar temprano y evitar comidas pesadas en la noche, ya que eso favorece un descanso más profundo y reparador. Otro consejo relevante consiste en exponerse a la luz natural durante la mañana.
“Lo ideal es tomar luz solar lo más rápido posible, salir al exterior unos minutos, especialmente en invierno”, señaló. Finalmente, recalcó que los cambios requieren constancia. “Hay que mantenerse al menos dos semanas en un hábito para empezar a ver los cambios”, concluyó.
Más que buscar una hora perfecta, el desafío está en crear hábitos de estudio saludables, respetar los ritmos personales y priorizar el descanso.