Las elecciones de medio término de Estados Unidos son uno de los tres factores que incentivarían a la Casa Blanca a terminar prontamente la guerra en Medio Oriente. Así lo plantea la estratega de Mercados Globales en Market Insights de JPMorgan Asset Management, Marina Valentini, quien sobre la base de ese optimismo ofrece perspectivas favorables para los mercados globales durante el resto del año. También positiva es la opinión que comparte, en entrevista con SeñalDF, sobre Chile, asegurando que a nivel internacional valoran el destrabe de grandes proyectos de inversión, así como las políticas promercado del Plan de Reconstrucción del gobierno de José Antonio Kast.
- ¿El conflicto en Medio Oriente lo ven como un shock táctico o como parte de un cambio estructural? - Sigue siendo una situación de mucha incertidumbre. Como escenario base, nosotros vemos fuertes incentivos para que EEUU encuentre la forma de bajar las tensiones del conflicto en Medio Oriente.
Esta guerra representa un costo alto para el país. Pensamos en el costo, por ejemplo, en municiones, el promedio es de US$ 1. 000 millones por día.
También tiene un incentivo por el lado de mercados, con una administración que le gusta usarlos como termómetro de cómo le está yendo, por lo que quiere evitar una mayor volatilidad. Pero el tema principal son las midterms. Este es un año de elecciones del Congreso en EEUU y el Partido Republicano, y esta administración quiere evitar aumentos en el costo de vida y perder intención de votos.
No tenemos certeza de cómo o cuándo bajará el conflicto, pero vemos como escenario base que en algún momento de este año el estrecho se reabrirá. Por ahora, parece tener un impacto temporal sobre las economías. También es cierto que aunque tengamos una situación de cese al fuego y negociaciones exitosas, tal vez las disrupciones en el estrecho pueden seguir algunos meses más, lo que implica presiones inflacionarias.
Pero creemos que la economía global es suficientemente resiliente como para enfrentar los choques derivados del conflicto. - No son pocas las voces que alarman de una subestimación del riesgo geopolítico en el mercado... - Estados Unidos tuvo la opción de hacer una escalada militar, pero prefirió ir por el lado diplomático e intentar conseguir más poder de negociación con un bloqueo económico.
Se estima que al cerrar el movimiento del petróleo hacia otros países, Irán deja de registrar US$ 13 mil millones en exportaciones de petróleo. Entonces ese dolor económico podría llevarlos a la mesa de negociación. Ese es el escenario que estamos contemplando.
Si vemos el mercado de acciones, aunque sufrió mucha volatilidad en marzo, fue un mes especialmente volátil para los activos de riesgo. Las economías más dependientes de energía sufrieron caídas, como Europa, que cayó entre 10% y 13%. Pero en abril, con señales de negociaciones positivas, el mercado está retomando y mirando hacia adelante, enfocado en fundamentos sólidos.
El mercado espera crecimiento de utilidades de 44% para emergentes este año. En Estados Unidos lo subieron de 15% a 19%. Entonces el mercado reconoce riesgos, pero ve una luz al final del túnel y está más enfocado en temáticas estructurales como inteligencia artificial y reformas corporativas.
- Dado ese optimismo predominante, ¿una escalada severa del conflicto, que no se puede descartar, llevaría a una disrrupción relevante? - El mercado de acciones y los activos de riesgo están vulnerables a sufrir otra corrección táctica o mayor volatilidad. La clave es cuánto tiempo se mantenga cerrado el estrecho de Ormuz.
Los futuros de petróleo ven mejoras a lo largo del año, en alrededor de US$ 85 (el barril) a mitad de año y bajando a US$ 75 hacia el final. Eso sugiere que el mercado espera que se abrirá el estrecho, aunque persistirá una prima geopolítica más alta. - El año pasado se habló de Sell America.
¿Se está volviendo a mirar a EEUU con su excepcionalidad? - No diría que es el fin del excepcionalismo americano, sino el comienzo de uno más compartido. Hay una tendencia de rotación global muy fuerte.
El año pasado hubo una búsqueda de mercados más baratos y se encontraron descuentos en emergentes, Europa y Japón. Además, hubo tendencias estructurales importantes, como infraestructura de inteligencia artificial. A comienzos de este año se mantuvo esa rotación global.
Antes del conflicto, el resto del mundo superaba a EEUU en 15%. Pero en marzo, con mayor impacto en emergentes y Europa, esa brecha se acortó a 4,5% en el año. Sin embargo, no creemos que se haya interrumpido la rotación global.
Al contrario, conforme haya noticias más positivas sobre el conflicto, el mercado volverá a enfocarse en esas tendencias estructurales. - ¿Qué análisis hacen de la temporada de resultados en curso y qué nos dice de la IA? - Estamos en un primer trimestre de earnings de EEUU bastante sólido.
El mercado revisó al alza expectativas de 13% a 19%, liderado por tecnología, donde se espera crecimiento de utilidades de 45%. La IA es una tendencia estructural, pero con ciclos de entusiasmo y fatiga. Desde octubre pasado hubo una fase de fatiga.
El sector software llegó a caer 24% por preocupaciones de disrupción por nuevas herramientas de IA. Ahora parece que estamos volviendo a un entorno de entusiasmo. Además, hay foco en infraestructura: semiconductores, centros de datos, insumos.
El mercado está poniendo atención en CAPEX versus ingresos. Hay que ser más selectivos, pero mantenerse invertido porque es la temática más relevante de largo plazo. El cobre "en el corto plazo puede seguir volátil dependiendo del conflicto en Medio Oriente.
Pero en el largo plazo, la demanda estructural es fuerte por la transición energética, inteligencia artificial, electrificación e infraestructura". - Otra tendencia siempre relevante para la economía y los mercados es China. ¿Cómo lo están abordando?
- Desde 2024, con políticas monetarias y fiscales para reactivar la economía, al mercado chino le ha ido bien. El año pasado subió casi 30%, con foco en tecnología. La estrategia es invertir alineado con las prioridades del gobierno: high tech, biotecnología, autos eléctricos, energía renovable y robótica.
Hay temáticas interesantes, pero se requiere selectividad y gestión activa, porque el mercado se volvió más caro. El gobierno no ha rescatado sectores tradicionales como antes. En el corto plazo hay mejora en consumo y estabilización inmobiliaria.
En el largo plazo, la economía tenderá a desacelerarse. La clave es enfocarse en las áreas que el gobierno favorece. - Considerando todas estas tendencias, ¿cómo ven al cobre?
- El cobre ha sufrido volatilidad por disrupciones macro y menor demanda en China, que representa 60% de la demanda global. En el corto plazo puede seguir volátil dependiendo del conflicto en Medio Oriente. Pero en el largo plazo, la demanda estructural es fuerte por la transición energética, inteligencia artificial, electrificación e infraestructura.
Eso debería sostener su relevancia y recuperación, aunque en el corto plazo el panorama es más nublado. - ¿Cómo han visto al dólar en este contexto? - Con el conflicto, el dólar actuó como refugio, eso reafirma su rol.
Con noticias positivas, esa apreciación se está revirtiendo. Si el escenario base se mantiene, podría retomarse una tendencia de depreciación, ya que el dólar sigue caro respecto a su promedio de 20 años. Además, hay divergencia de política monetaria: la Fed sin cambios, otros bancos centrales subiendo tasas.
Eso favorece cierta depreciación, aunque no tan fuerte como el año pasado. - En materia de crédito y riesgos financieros, ¿ven deterioro en el crédito corporativo? - Los spreads del crédito corporativo subieron en el momento del conflicto, llegando a cerca de 320 puntos base.
Con noticias positivas, volvieron a bajar a niveles cercanos a los previos. Esto refleja que el mercado ve condiciones corporativas sólidas. El consumidor estadounidense sigue con una hoja de balance fuerte.
Desde la pandemia, el patrimonio neto creció en US$ 65 billones (millón de millones). Sin embargo, hay que considerar que precios altos de gasolina pueden afectar a los segmentos de menores ingresos. El percentil más bajo destina 17% de su ingreso a energía.
Por eso es importante subir en calidad dentro del crédito corporativo, preferir rangos más altos y evitar segmentos más riesgosos. Aun así, sigue siendo un sector atractivo, con retornos cercanos a 7,5%. - Un punto aparte sobre el crédito privado.
¿Les preocupan los riesgos que se han anidado ahí? - Está bajo el foco por tres motivos. Primero, el rendimiento bajó desde 12% en 2022 a cerca de 9%, reduciendo la prima frente a mercados públicos.
Segundo, hubo casos puntuales en Estados Unidos que generaron dudas, aunque fueron eventos idiosincráticos. No se observa un riesgo sistémico, con tasas de default alrededor de 2%, aunque sí mayor uso de reestructuraciones. Tercero, la exposición al sector software.
Aproximadamente 20% del crédito privado está vinculado a este, lo que generó preocupación tras caídas en ese sector. Esto provocó rescates por parte de inversionistas, con limitaciones de liquidez en los fondos. Aun así, no se ve un riesgo sistémico.
Los fundamentos siguen sólidos, pero la selectividad y la calidad crediticia son más importantes.