La discusión, en definitiva, no es entre disciplina y permisividad, sino entre políticas que reaccionan ante los síntomas y aquellas que buscan reducir la probabilidad de que los conflictos ocurran. Un sistema que solo castiga llega tarde; uno que también previene actúa con mayor racionalidad. Si el objetivo es maximizar la libertad de aprender en un entorno seguro, el desafío no es elegir entre castigo o prevención, sino diseñar instituciones que utilicen ambos de manera complementaria y eficaz.
La evidencia sugiere que ese equilibrio no solo es deseable, sino posible.