La evaluación de las autoridades también deja señales contundentes. Los mayores niveles de insatisfacción frente al combate a la delincuencia recaen en el Congreso y los Tribunales de Justicia, ambos con 81%, seguidos por el Gobierno, con 70%, y el Ministerio Público, con 69%. En contraste, las instituciones mejor evaluadas son Carabineros, con 64% de satisfacción, la PDI, con 60%, y la seguridad municipal, con 52%, todas con mejoras respecto de la medición anterior.

A pesar de este panorama, la encuesta muestra un cambio brusco en las expectativas del sector. Un 65% de los encuestados cree que la delincuencia disminuirá durante el primer semestre de 2026, muy por encima del 25,9% registrado en la medición anterior. Un 23,6% estima que seguirá igual y solo 9,5% piensa que aumentará.

Para la CNC, este giro podría estar vinculado a las altas expectativas generadas por el cambio de gobierno, más que a una mejora efectiva ya consolidada en el terreno. En esa línea, José Pakomio recalcó que “este giro en las expectativas podría estar influido por factores coyunturales, como el cambio de gobierno, pero también refleja que, pese a un escenario aún complejo, existe una mayor disposición a anticipar mejoras hacia adelante”. Sin embargo, más allá del optimismo que comienza a instalarse en parte del sector, la encuesta deja una advertencia contundente: la delincuencia sigue afectando de manera severa al comercio chileno, con una victimización que supera el 61%, con delitos reiterados, con altísimos niveles de no denuncia y con empresas obligadas a absorber millonarios costos en seguridad para seguir operando.

En ciudades como Iquique, donde la victimización subió con fuerza y donde crecen las alertas por comercio ilegal y presencia de crimen organizado, el desafío aparece todavía más urgente. El cuadro que entrega la CNC no es solo estadístico. Es también un retrato de desgaste.

Un comercio que invierte más para protegerse, que denuncia menos porque no cree, que sigue siendo golpeado varias veces por semestre y que, pese a todo, intenta sostener su actividad en barrios donde la inseguridad se ha vuelto parte de la rutina. Esa es hoy la dimensión real del problema. Y también la magnitud de la deuda pendiente.