Si la baja natalidad es hoy una preocupación país, la discusión no puede limitarse a cifras demográficas. Debe incorporar una mirada de justicia reproductiva que considere acceso equitativo, descentralización territorial, diversidad familiar y salud mental. La verdadera brecha no está solo en cuántas personas desean maternar, sino en quiénes pueden sostener ese deseo y quiénes, silenciosamente, se ven obligadas a renunciar a él.