Testimonios —a los que accedió la Unidad de Investigación de Bío Bío— reconstruyen su historia. Las confesiones de ella y el sicario revelan cómo fue planeado el crimen y la promesa de pagar al asesino a sueldo con los dineros del difunto. Me dijo que lo hiciera sufrir, declaró el homicida.

Rubén se pasó ocho minutos intentando salvarle la vida a Didier Celestino Mansilla Rivera. Sus conocimientos como técnico en enfermería le hicieron saber, con solo mirarlo, que estaba anémico, pálido y cianótico. Una herida cortopunzante en el cuello le hacía perder sangre hasta por la boca.

Lo único que pudo hacer fue taponearle la herida con sus propias manos hasta que llegó la ambulancia. Minutos antes, Rubén vio a Didier zigzaguear en su auto y chocar contra un poste. Pensó que estaba ebrio.

Solo se acercó a él cuando advirtió que una mujer, al verlo de cerca, se tapó la cara con las dos manos. Entonces, supo que era grave. Carabineros llegó a las 19:50 horas de ese 29 de julio de 2012.

Minutos después que Rubén. Los habían llamado por la Central de Comunicaciones (Cenco) informándoles de un accidente de tránsito en la calle Pedro Aguirre Cerda, en Punta Arenas. De lejos notaron lo obvio: un auto incrustado contra el alumbrado y un conductor inconsciente.

De cerca, la herida en la garganta que de ninguna forma era atribuible al choque. Didier Mansilla Rivera murió al día siguiente de un infarto cerebral masivo. Dos meses después, la justicia destapó que la muerte de Didier estaba planificada.

Lo descubrieron solo porque el asesino, Sergio Escalona Chiguay, se presentó el 6 de septiembre en el cuartel de carabineros a confesar el crimen. En su declaración, además de mostrar signos de arrepentimiento, detalló que sólo lo hizo porque le ofrecieron cinco millones y un sueldo de por vida. Quien se lo ofreció fue Irma Ovalle Oyarzún, la esposa de Didier.

El objetivo, y según pudo acreditar el Ministerio Público, era cobrar los seguros de vida una vez muerto. Irma terminó condenada a 20 años por parricidio. Sergio también.

Y hoy, a poco más de la mitad de su condena, la Corte de Apelaciones de Punta Arenas ordenó que debían pagarle toda la herencia de Didier. Algo así como $200 millones de pesos. Las versiones entre Sergio Escalona Chiguay e Irma Ovalle Oyarzún siempre fueron diferentes.

Él siempre sostuvo que fue ella quien le ofreció el “trabajo”. Ella dice que él, se ofreció solo. El 6 de septiembre Escalona se presentó voluntariamente ante Carabineros.

Además de pormenorizar en los detalles, entregó sus zapatillas, su notebook y celular. En el juicio oral, su abogado defensor dijo que “su confesión fue la que resolvió el caso”. Partió explicando que él era reponedor de la carnicería en el Líder de Punta Arenas.

Entre abril y mayo de 2012 inició una amistad y “gran confianza mutua” con Irma Ovalle. Ella, era reponedora externa del mismo supermercado. Según sus palabras, fue Irma quien le contó que sufría maltrato físico y psicológico por parte de Didier, además de múltiples infidelidades.

Él admite que al escuchar eso se enojó. No le gustaba que un hombre le hiciera eso a su pareja. —En junio [Irma] me preguntó cuánto cobraba por matar a su marido.

Pensé que era broma. Días después ella insistió y me ofreció dinero que me podía ayudar en mi situación económica —se lee en los documentos judiciales. Finalmente, en julio, Sergio aceptó la propuesta.

Lo poco que le dijo Irma fue que a su marido le gustaba chatear por Facebook. Con ese antecedente creó un perfil falso de mujer al que llamó la “negrita paraguaya”. Y Didier, enganchó.

Hablaron regularmente. Sergio contó que usó un programa para distorsionar la voz y así hablar con Didier por llamada. No sabe muy bien el día, pero sí que lo citó primeramente al Parque María Behety para matarlo.

Apenas lo hizo, se arrepintió. Irma se dio cuenta. —Me ofreció más dinero.

Sueldo de por vida —relató. Con ese acuerdo, Sergio volvió a citar a Didier el 29 de julio. Esta vez en la población Fitz Roy de Punta Arenas.

Eran cerca de las seis de la tarde cuando Didier llegó en su auto. Sergio le tocó el vidrio y le explicó que él era amigo de la “negrita”. Que él podía llevarlo donde ella.

Una vez arriba del vehículo avanzaron unas siete cuadras, forcejearon un instante y Sergio sacó el cuchillo dentado de su manga que le clavó en el cuello. Justo en la vena aorta. Los días previos había buscado en internet las zonas delicadas del cuerpo o decapitaciones en la web “mundonarco.

com”. Después de acuchillarlo salió corriendo y dejó el arma adentro. Dijo que se asustó.

Tomó el colectivo número 20, se bajó en el club hípico, botó su celular y quemó sus ropas en el parque María Beherty. Irma le dijo que se había arrepentido y que le pagaría después de la investigación. Primero fue un millón de pesos, después fueron cinco e incluso llegaron a ser veinte.

Una vez que los seguros de su marido se liberaran él tendría su parte. Nunca le pagó. —Irma me dijo que estaba arrepentida, pero antes me pidió que al momento de matarlo lo hiciera sufrir —confesó.

La otra versión es la de Irma. Según ella, Sergio siempre fue el de la idea de matar a su esposo. Ocurrió mientras ambos estaban trabajando.

Irma le relataba a otro compañero sobre los maltratos de Didier y Esteban escuchó. Más tarde le planteó que debía vengarse. —Esteban la siguió.

Le preguntó si era verdad eso que ella dijo. Los días siguientes se acercó a ella. Irma le dijo “no creo que lo hagas gratis”.

El empezó con los montos, comenzó con un millón de pesos —planteó el abogado de Irma durante le juicio oral. El día que lo acuchillaron, Irma estaba comiendo con una amiga. El tribunal expuso que lo hizo para tener una coartada.

Cuando carabineros la llamó, le comentó que se trataba de un accidente. Una vez en el hospital le aclararon que era un homicidio. Otros testimonios contenidos en los documentos judiciales relatan que Irma se mostró totalmente tranquila cuando recibió la noticia.

A una de sus amigas les explicó que su actitud, a ratos indiferente, era porque “alguien debía tener cordura en la familia”. La familia de Didier se enteró por las noticias lo que había ocurrido. Irma jamás los llamó.

—En el funeral, Irma salía a fumar, a tomar café. Tuve sospechas porque ella no estaba sufriendo. Tampoco vi muy afectados a mis sobrinos —expuso uno de los 11 hermanos de Didier.

Otra hermana agregó: —Irma esquivaba dar respuestas (…) Ella vivió con ellos un tiempo. Nunca vio pleitos o alegatos. Irma es una mujer muy celosa.

La defensa de Irma intentó exponer que nunca le interesó la plata. Que no era una mujer “de lujos” y que su intención no era cobrar los seguros de vida. Sin embargo, el Ministerio Público acreditó que entre junio y julio, Irma y Sergio se “coordinaron, planificaron y acordaron dar muerte a Didier”.

—Para dicho cometido ilícito, la imputada Ovalle Oyarzun indujo, instigo y acordó para con el imputado Escalona Chiguay que una vez que este le diera muerte al afectado Mansilla Rivera, ella le pagaría como —premio o recompensa— la suma de alrededor de un millón de pesos, acuerdo previo que acepto el imputado Escalona Chiguay en dar muerte a la victima —detalla la acusación de la fiscalía. De esta forma, demostró la fiscalía, el pago a Escalona sería una vez que Irma hiciera los trámites para cobrar los seguros. El mismo 6 de septiembre que Sergio Escalona se presentó voluntariamente a declarar, Irma fue detenida en las afueras de su domicilio.

En su declaración admitió que sabía que su marido tenía un seguro de vida en Mapfre porque ella misma había hecho los trámites. No sólo eso. Su esposo, Didier Mansilla Rivera, se retiró en 2011 del Ejército con el cargo de suboficial mayor.

Uno de sus hermanos declaró en la investigación que, una vez que alcanzó el grado máximo, fue llamado a retiro para que el resto del personal pudiera ascender. —La jubilación creo que era como veinte millones de pesos por desahucio. Además, como pensión, entre un millón de pesos a un millón doscientos.

Además, tenía un seguro de vida, como todos los uniformados. Cree que era de unos quince millones de pesos. Un perito de carabineros le tocó revisar las pertenencias de Didier, entre ellas, su notebook.

Notó que el 23 de marzo de 2012 —tres meses antes de morir— le había llegado un correo del Ejército donde le iban a devolver todos sus ahorros. El 5 de abril le llegó una cartola con sus fondos mutuos. En un disco duro externo tenia documentos de otros ahorros.

De hecho, días antes de morir había solicitado aumentar su plan de ahorro a 40 UF mensuales (cerca de 800 mil pesos a la fecha). Escalona e Irma fueron condenados a 20 años de prisión sin beneficios. Él por homicidio, ella por parricidio.

En paralelo se tramitó una demanda civil para litigar sobre los dineros. El proceso, después de escalar a la Corte de Apelaciones, emitió su fallo hace algunos días: Irma deberá recibir la pensión de su exesposo en calidad de viuda y beneficiaria. El falló obligó al Estado a pagar los montos que estaban retenidos desde 2017 hasta la fecha.

Eso da un monto superior a $200 millones. Adicionalmente, obtendrá una renta vitalicia de cerca de $2 millones mensuales. Según explicó el abogado defensor, Marcos Ibacache, a El Pingüino, la condena penal no basta para extinguir automáticamente los derechos hereditarios o previsionales.

“Para que una persona pierda la calidad de heredero, tiene que haber una sentencia que lo declare; la sentencia que condena a esta señora a 20 años de cárcel por parricidio no es una sentencia que la declare indigna”, explicó. La posibilidad de impugnar al fisco dicho beneficio, judicialmente ya prescribió. ​ Fuente: biobiochile.