Una experiencia límite, difícil de explicar y aún más de transmitir. Así describe José Ramón Cárdenas el episodio que marcó un antes y un después en su vida: un infarto que lo llevó a estar clínicamente muerto en tres ocasiones y que hoy lo tiene reflexionando sobre la muerte, la conciencia y el sentido de la existencia. El testimonio fue compartido en el podcast Cerremos por fuera, que realizan el mencionado Cárdenas, Eduardo Fernández y el peridiodista Jaime Coloma, donde el publicista relató en detalle los minutos críticos que vivió durante la madrugada en que su vida estuvo al borde de terminar.

Según su relato, todo comenzó con un dolor de pecho intenso que rápidamente se volvió inconfundible. “Cuando tienes un infarto, no tienes ninguna duda”, explicó, describiendo una sensación central, profunda y paralizante, acompañada de adormecimiento en los brazos y una certeza inmediata de gravedad . Tras alertar a su entorno y contactar servicios de emergencia, fue trasladado de urgencia al Hospital del Salvador, donde ingresó sin espera debido a la gravedad del cuadro.

Sin embargo, lo más impactante no fue solo el evento médico, sino lo que ocurrió después. Una experiencia fuera de lo común Cárdenas asegura que, durante el procedimiento, vivió un estado que define como una “paz absoluta”, completamente opuesto al pánico inicial del infarto. “No vi luces ni túneles, pero era una tranquilidad total, una paz que no sentía ni siquiera cuando era niño”, relató .

Horas más tarde, al recuperar la conciencia, un médico le entregó una noticia que lo impactaría aún más: había muerto clínicamente en tres ocasiones y debió ser reanimado. “Tres veces tuvimos que resucitarte”, recordó que le dijeron, en un momento que marcó profundamente su percepción de la vida y la muerte . “Siento que estoy de vuelta, pero no debía estar” Lejos de interpretar la experiencia desde una mirada estrictamente religiosa, Cárdenas describe un cambio más bien existencial.

Desde entonces, asegura vivir con la sensación de haber recibido una “prórroga”. “Siento que conseguí tiempo extra, como si no tuviera un puesto en la mesa y tuviera que hacérmelo”, explicó, graficando una percepción de vida “prestada” . Este cambio no se traduce necesariamente en una transformación radical de valores, sino en una reconfiguración más profunda: una distancia frente a lo material y una mayor conciencia sobre la fragilidad de la vida.

Entre la ciencia y lo inexplicable El testimonio abre también el debate sobre las experiencias cercanas a la muerte. Mientras algunos lo interpretan desde lo espiritual, otros apuntan a explicaciones neurológicas, asociadas a la actividad cerebral en situaciones críticas. En el mismo espacio, se plantea que muchas de estas sensaciones —como ver luz o experimentar calma— podrían estar relacionadas con procesos del cerebro que aún no se apagan completamente durante episodios extremos.

Sin embargo, más allá de las explicaciones científicas o creencias personales, la experiencia de Cárdenas deja una reflexión transversal: la muerte, aunque inevitable, sigue siendo uno de los grandes misterios de la humanidad.