Más allá del diagnóstico general sobre la crisis que afecta al mundo criancero, en la provincia del Limarí comienzan a observarse efectos concretos en la actividad productiva. En distintos sectores, los crianceros aseguran haber tenido que reducir sus rebaños, ajustar sus sistemas de trabajo y enfrentar dificultades que impactan directamente en la producción. Se trata de decisiones que, según relatan, no responden a una estrategia planificada, sino a la necesidad de adaptarse a un escenario marcado por la escasez de agua y el sostenido aumento en los costos de alimentación animal.

“Yo llegué a tener más de 300 cabras y ahora me quedan como 130”, comentó Milton Román, criancero de la comuna de Punitaqui y parte de la Asociación Provincial de Crianceros, quien explicó que la reducción de su ganado se ha dado progresivamente en los últimos años. A su juicio, el principal factor es el costo de mantener los animales. “Hoy día hay que comprar alimento para que sobrevivan, porque la pradera ya no alcanza.

El saco de maíz está a 10 mil pesos y eso se hace insostenible en el tiempo”, afirmó. Ajustes que se repiten en distintos sectoresUna situación similar describe David Arancibia, presidente de los crianceros de Flor del Valle, en Monte Patria, quien sostiene que los cambios en la actividad se han ido extendiendo entre los productores. “Antes una familia criancera podía trabajar con alrededor de 400 animales, pero no es una sola persona, es el papá, los hijos, los hermanos, cada uno tiene su parte.

Nosotros cada uno manteníamos cerca de 60 o 70 cabras y hoy estamos trabajando con 25, tratando de mantener animales de mejor producción, porque no se puede sostener el mismo volumen de antes”, señaló, agregando que el alza en el valor del forraje ha sido determinante. “Antes un fardo costaba entre 4. 500 y 6.

000 pesos, hoy no baja de los 8. 500 o incluso 12. 000.

Eso cambia completamente la forma de trabajar”, explicó. En ese sentido, advierte que el impacto no solo se refleja en la cantidad de animales, sino también en su estado. “Los animales están saliendo más delgados, con menor masa corporal y eso afecta directamente la producción”, indica.

Impacto en la producción y reproducciónA los ajustes en los rebaños se suma un factor que genera mayor preocupación: la disminución en la capacidad productiva del ganado. Así lo plantea Janet Andrade, presidenta del Comité de Crianceros de Ovalle, quien señala que la falta de alimento está teniendo consecuencias directas. “Estamos con pérdida y abortos en nuestros animales por falta de forraje, porque no tenemos suficiente alimentación para mantenerlos en buenas condiciones”, afirma.

En su caso, también ha debido reducir su producción. “Antes tenía más de 100 animales y ahora tengo cerca de 50, bajando la cantidad para poder sostenerlos”, comenta. Según explica, el apoyo que reciben resulta insuficiente frente a los costos actuales.

“Si nosotros ocupamos un saco de alimento al día y nos entregan 10 sacos, eso alcanza con suerte para 10 días, entonces claramente es un apoyo que no logra sostener la alimentación de los animales”, enfatizó. Decisiones marcadas por la necesidadEn los tres casos, coinciden en que las decisiones de reducir animales o modificar la producción no responden a procesos de modernización o tecnificación, sino a la urgencia de sostener la actividad. “Esto no es una decisión técnica, es por necesidad”, recalca Román, quien además advierte que gran parte de los crianceros corresponde a adultos mayores, lo que también incide en la disminución de los rebaños.

En esa línea, Arancibia agrega que en varios sectores se observa un patrón similar. “Se reduce la cantidad de animales porque no se puede costear la alimentación ni el traslado”, sostiene. Apoyo institucional Desde la seremi de Agricultura señalaron que el rubro caprino es una actividad relevante para la región y que, como ministerio, se ha mantenido un trabajo constante de apoyo a su desarrollo.

En ese marco, indicaron que a través de servicios como INDAP, SAG e INIA se han impulsado iniciativas para fortalecer la actividad frente a dificultades como la disminución de praderas por la escasez hídrica, incorporando innovación, tecnologías y acciones sanitarias. Asimismo, detallaron que el apoyo se canaliza mediante programas como el Plan Caprino, PRODESAL y PADIS, orientados a mejorar la producción y avanzar hacia sistemas más sostenibles. Desde la cartera agregaron que, en la provincia del Limarí, existen 841 usuarios cuyo rubro principal es el caprino, destacando además que la incorporación de tecnologías aparece como un elemento clave para enfrentar desafíos como la escasez hídrica, el cambio climático y la degradación de praderas, avanzando hacia sistemas más estables y sostenibles en el tiempo.

Si bien los testimonios recogidos no permiten establecer una tendencia general a nivel provincial, sí evidencian cambios concretos en la forma de producir, que podrían profundizarse si las condiciones actuales se mantienen.