Aunque Chile mantiene una de las tasas de mortalidad materna más bajas de América Latina, especialistas advierten que la disminución de estos casos se ha estancado en los últimos años. Frente a este escenario, un equipo interdisciplinario de la Universidad de Chile elaboró una serie de propuestas orientadas a fortalecer la vigilancia y prevención de muertes maternas evitables. Chile logró reducir de manera significativa la mortalidad materna desde la década de 1960, gracias a políticas públicas enfocadas en salud materna y sistemas de vigilancia sanitaria.

Sin embargo, académicos advierten que esa tendencia ha mostrado señales de estancamiento, especialmente tras la pandemia. La razón de mortalidad materna en 2020 alcanzó las 15 muertes por cada 100 mil nacidos vivos. Según el análisis realizado por el equipo de la Universidad de Chile, cerca del 30% de estos casos corresponde a causas indirectas asociadas a enfermedades crónicas y factores sociales adversos, mientras que alrededor del 70% ocurre después de los 42 días posteriores al parto.

Las complicaciones cardiovasculares figuran entre las principales causas observadas en este periodo. Informe busca orientar políticas públicas Las conclusiones y recomendaciones fueron reunidas en el documento “Recomendaciones para la vigilancia interseccional de la mortalidad materna en Chile”, publicado por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile junto a su Unidad de Transdisciplina, Redes e Interfaz. El material está dirigido tanto a tomadores de decisiones como al público general y aborda la mortalidad materna como una prioridad sanitaria y ética, alineada con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 3 de Naciones Unidas.

Jovita Ortiz, académica de la Facultad de Medicina y autora del documento, explica que “aunque Chile mantiene una razón de mortalidad materna más baja que la de muchos países de América Latina y el Caribe, eso no significa que el problema esté resuelto. De hecho, uno de los elementos que motivó este trabajo es precisamente que la reducción de la mortalidad materna en Chile se ha estancado, e incluso observamos un aumento después de la pandemia. Por lo tanto, no podemos conformarnos con una lectura comparativa favorable ni con mirar solo el indicador agregado”.

La especialista advierte que el aumento observado después de la pandemia demuestra que el país no puede limitarse a una lectura favorable de las cifras comparativas regionales. Las limitaciones detectadas en el sistema actual El equipo interdisciplinario de trabajo detrás de este documento está integrado por Jovita Ortiz Contreras, directora del Departamento de Promoción de la Salud de la Mujer y el Recién Nacido; Rodrigo Neira Contreras, Jael Quiroz Carreño y Maribel Mella Guzmán, profesores del mismo departamento; Paulina Troncoso, académica del Departamento de Anatomía Normal y Medicina Legal; y Nicolás Arancibia López, integrante de la Dirección Académica, todos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Junto a ellos participaron Angélica Avendaño Veloso, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción, y Andrea Avaria Saavedra, de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de Chile.

Los expertos analizaron el modelo vigente de vigilancia de mortalidad materna, basado en la Norma Técnica N. º 100 del Ministerio de Salud, contrastándolo con experiencias internacionales de países como Reino Unido, Estados Unidos, México, Colombia y Brasil. Según Rodrigo Neira, académico de la Facultad de Medicina y coautor del documento, se identificaron tres problemas estructurales: Fragmentación de la información entre distintas instituciones.

Un enfoque predominantemente biomédico que no profundiza en las causas sociales detrás de las muertes. Falta de herramientas tecnológicas modernas para gestionar y analizar datos. Para los investigadores, estas limitaciones dificultan una comprensión integral del fenómeno y reducen la capacidad preventiva del sistema sanitario.

Una mirada interseccional sobre la salud materna Uno de los principales planteamientos del documento es incorporar una perspectiva interseccional en las políticas públicas relacionadas con mortalidad materna. Esto implica considerar variables como género, clase social, etnia, migración, edad y territorio al momento de analizar los casos y diseñar estrategias de prevención. “Una perspectiva interseccional permite comprender precisamente cómo esas desigualdades no operan por separado, sino combinadas, generando trayectorias de mayor vulnerabilidad para algunas mujeres”, señala Ortiz.

Desde esa mirada, la mortalidad materna deja de entenderse únicamente como un problema clínico y pasa a ser también una expresión de desigualdades sociales y fallas institucionales. Modernización tecnológica y transparencia Otra de las propuestas apunta a fortalecer las capacidades institucionales y los mecanismos de rendición de cuentas. El documento plantea avanzar hacia sistemas de información interoperables y en tiempo real, además de fortalecer la autonomía y capacidad analítica de los comités encargados de revisar las muertes maternas.

“Se lograría un sistema de información interoperable y en tiempo real, comités de mortalidad con mayor capacidad de análisis y autonomía, informes públicos que fortalezcan la transparencia y la confianza ciudadana”, sostiene Neira. Estas recomendaciones también se vinculan con compromisos asumidos por Chile en la Estrategia Nacional de Salud 2021-2030 y el Plan Nacional de Igualdad de Género 2022-2030. Para el equipo investigador, el desafío no se limita únicamente a reducir cifras, sino a evitar que existan muertes maternas potencialmente prevenibles.