Mulchén despide a Fernando Lastra Viveros, leyenda del Downhill y del corazón ciudadano El luto se siente con fuerza en las calles de Mulchén y en las agrestes pistas de tierra de la región del Biobío. El pasado 5 de mayo, la comunidad entregó en un multitudinario adiós a Fernando Lastra Viveros, quien falleció a la edad de 46 años. Conocido cariñosamente por su familia como "Nando", dejó un vacío terrenal inmenso.
Sin embargo, su partida física no apaga la luz de su imponente legado: el de un hombre apasionado, inmensamente solidario y un pilar inquebrantable para los suyos y para el desarrollo del Downhill (DH) en la región. Su reciente funeral, marcado por una profunda tristeza y un agradecimiento ciudadano colectivo, fue el reflejo exacto de la vida que construyó. El motor de los suyos y el amigo que nunca decía "no" Para entender la magnitud humana de Fernando, basta con escuchar a quienes compartieron su día a día.
Para su extensa familia, él era el centro de gravedad. Esa vocación innata de servicio no se limitaba a su círculo íntimo. Su hermano, Luis Lastra Viveros, lo describe como un hombre extremadamente humilde y dispuesto siempre a colaborar con los vecinos.
"Nunca tenía un no de respuesta, pues siempre era todo positivo", relató Luis, destacando su nobleza. Laboralmente, Fernando se forjó como camionero y tractorista agrícola, oficios en los que destacó por su enorme capacidad de aprendizaje, llegando a viajar fuera del país para realizar cursos de especialización en maquinaria. Para él, ninguna tarea quedaba grande y ningún amigo se quedaba sin ayuda, llegando incluso a amanecer en la ruta reparando camiones de colegas caídos en desgracia.
Pasión en dos ruedas: El padre detrás del piloto Si hubo pedales que aceleraron los latidos de Fernando en su vida adulta, fue el amor incondicional por su hijo, Fernandito, y el vertiginoso mundo de las bicicletas de descenso. Apoyado por su esposa Anita, madre del joven piloto, Fernando se introdujo en el Downhill sin conocimientos previos, instruyéndose desde cero con familiares para poder guiar los primeros pedaleos de su hijo. La devoción paternal se evidenciaba con sudor y tierra en las pistas.
Luis recuerda con nostalgia las primeras carreras de su sobrino cuando apenas era un niño: "Se caía y mi hermano a la cola de él... lo paraba y seguía con él, y se volvía a caer, y seguía mi hermano con él". Fernando trabajaba incansablemente arriba de su camión para financiar los elevados costos del rubro del ciclismo y asegurar que su hijo pudiera seguir su sueño.
Estaba dispuesto a recorrer cientos de kilómetros hacia Temuco o cualquier otro destino de competición, bajándose agotado de su camión de trabajo para subirse inmediatamente a su camioneta junto a su hijo. "Era una pasión, una pasión, pero de corazón que él tenía con la bicicleta y su hijo", afirmó su hermano con profunda admiración. Transformando a Mulchén: Un legado de excelencia deportiva Fernando Lastra Viveros no solo apoyó a su propia sangre, sino que abrazó a toda la comunidad deportiva.
Se consolidó como un impulsor vital para el DH en Mulchén, organizando campeonatos de alto nivel, consiguiendo maquinaria municipal y movilizando a sus cercanos para levantar la disciplina. Su nivel de compromiso y perfeccionismo atraía a deportistas de diversas zonas del país. "Todos decían: 'oye, tu hermano, de excelencia las carreras aquí...
la pista, pero increíble'", señaló Luis sobre la fama que adquirieron los circuitos preparados por Fernando. En su afán por entregar el mejor espectáculo gratuito para la comuna, llegó incluso a coordinar demostraciones de parapente para maravillar al público durante las competencias. Además, fue un pilar de apoyo para las nuevas generaciones locales, tendiendo la mano a agrupaciones jóvenes como el incipiente "Team Rocket".
La última carrera y la inmensa cosecha del cariño ciudadano Lamentablemente, en el último tiempo, una compleja enfermedad comenzó a mermar su salud. Fiel a su inquebrantable espíritu, enfrentó este diagnóstico con un coraje admirable. "Dijo que le iba a dar batalla, no le iba a dejar que fuera fácil", recuerda Diego Lastra.
Amparado en su filosofía de vida, "duro con duro, lo que no te mata te hace más fuerte", Fernando resistió hasta que su cuerpo exigió descanso el pasado domingo a las 12:40 horas, despidiéndose en paz. El impacto en la comuna fue ensordecedor. En su funeral, el dolor de la pérdida se entrelazó con el reconocimiento absoluto.
Las palabras recogidas por su hermano resuenan hoy como el mejor homenaje ciudadano: "La gente decía: 'la siembra que hizo el Nando, aquí se ve la cosecha'". Vecinos sin consuelo, amigos foráneos llamando consternados y un mar de anécdotas sobre su bondad pintan el retrato de un hombre que Mulchén se niega a olvidar. Desde hoy, el nombre de Fernando Lastra Viveros seguirá bajando libre por los cerros, vivo en cada joven que tome un manubrio y en cada mulchenino que, honrando su memoria, decida tenderle la mano a quien lo necesite.