Bastó que transcurriera el primer mes del gobierno de José Antonio Kast, para contar con suficientes pruebas que nos permitan sostener que el negacionismo histórico es un componente constitutivo del proyecto de la ultraderecha chilena. Para argumentar lo anterior, elaboraremos un apretado recorrido en torno al concepto de “negacionismo histórico”, luego, presentaremos algunas expresiones del negacionismo desplegadas durante este primer mes de gobierno, y, finalmente, plantearemos algunos desafíos para enfrentar el negacionismo histórico desde el campo educativo y pedagógico. I.

Apuntes sobre el concepto de negacionismo histórico El concepto de negacionismo histórico 2 emergió de la mano de las experiencias genocidas del mundo contemporáneo y de los crímenes de lesa humanidad ocurridos a partir del siglo XX. En este marco, las primeros reflexiones sobre el negacionismo, provienen del campo historiográfico, pues, de un lado, han habido reconocidos historiadores negacionistas como Paul Rassiner y Bernard Lewis; y por otro, se han conocido trabajos de historiadores/filósofos -entre los que destacan Pierre Vidal-Naquet, Yves Ternon, Donatella Di Cesare-, que se han dedicado a analizar en profundidad las experiencias genocidas perpetuadas desde el siglo pasado, por ejemplo, contra los armenios, los judíos, los bengalíes, camboyanos, guatemaltecos, palestinos, entre otros. Estos trabajos han alertado sobre diferentes operaciones que se ocupan de desvirtuar, omitir o distorsionar la historia.

Posteriormente, el concepto de negacionismo cobrará relevancia durante la década de los noventa del siglo pasado, ya que en las sociedades europeas se avanzó en establecer un conjunto de normativas que consideraban el negacionismo como un delito, pues, al ser un tipo de “discurso de odio”, se caracterizaba por promover la violencia, la discriminación, el racismo, haciendo apologías del genocidio y el terrorismo de Estado. En términos muy generales el negacionismo histórico es una operación discursiva, práctica, política, comunicacional, jurídica, cultural y también educativa, que pretende negar públicamente los genocidios y crímenes de lesa humanidad que han sido respaldados con evidencia histórica. Asimismo, el negacionismo tiene un propósito muy concreto que consiste en intentar eludir la responsabilidad jurídica y política de los criminales.

A lo anterior, se debe agregar que el negacionismo no es una operación posterior al acto criminal, sino que se despliega de la mano de la violación a los derechos humanos, es decir, es inherente al acto genocida. Por lo tanto, es necesario saber leer en esta clave la existencia de centros clandestinos de detención, tortura y asesinato, la experiencia de los vuelos de la muerte, el ejercicio sistemático y planificado de la desaparición forzada, entre otros. Dicho de otra forma, el negacionismo es parte del diseño y la implementación de toda una maquinaria que busca ocultar los actos genocidas, criminales o de terrorismo de Estado, para asegurar la impunidad de los perpetradores.

Desde la bibliografía especializada, se puede constatar que existe consenso con respecto a la existencia de al menos 5 mecanismos que se encuentran asociados al negacionismo. El primer mecanismo consiste simplemente en deformar la realidad o desfigurar hechos acreditados, formulando planteamientos que no se sostienen en argumentos científicos, historiográficos o filosóficos, sino que se afirman en opiniones simples, en actos de fe o en teorías conspirativas. Es decir, el negacionismo aboga por cuestionar y/o erosionar la verdad histórica, por deslegitimar y falsear pruebas y testimonios asociados a los crímenes de lesa humanidad, pero todo esto, no lo hace desde posiciones fundadas sistemática y racionalmente, sino que solamente desde meras opiniones.

Ahora bien, por más que el negacionismo se presente como un desinteresado “punto de vista” sobre el pasado reciente, en realidad no es una cándida opinión, sino más bien, es una re-actualización, una re-validación del genocidio o del terrorismo de Estado, en este sentido, es una continuidad de los hechos criminales, pero con otro ropaje. El segundo mecanismo con que se asocia al negacionismo es la victimización de los victimarios del genocidio y el terrorismo de Estado, y la consiguiente culpabilización a las víctimas. Esto es claramente una construcción ideológica que invierte la realidad, que intenta presentar a los victimarios como si sus actos se hubieran desarrollado como “acciones de servicio” o como labores asociadas al “cumplimiento de deberes”.

Se realizan esfuerzos por sensibilizar con respecto a la vida cotidiana, familiar, común y corriente de los criminales 3, quienes más que ser juzgados y condenados por los poderes del Estado, deberían ser indultados 4, celebrados y/o agradecidos por los servicios prestados a la buena salud de la patria. Otro mecanismo movilizado por el negacionismo histórico consiste en poner en cuestión y minimizar la cantidad de personas que fueron víctimas de la experiencia genocida o del terrorismo de Estado 5. Este mecanismo no es baladí, pues realmente no le preocupa producir o disponer de información precisa sobre la cantidad de víctimas del terrorismo de Estado, sino que lo que efectivamente le interesa a la operación negacionista es desacreditar y deslegitimar a las víctimas 6 y a los organismos que trabajan y luchan por la memoria, la justicia y la verdad.

Un cuarto mecanismo del negacionismo histórico remite a la vandalización de monumentos, símbolos, sitios y espacios de memoria 7, todos los cuales cumplen un rol relevante con respecto al generar condiciones para la no repetición, pues sirven para educar y sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de promover y resguardar los derechos humanos y la vida democrática. El mecanismo de vandalización de los espacios de memoria -que además poseen una enorme riqueza patrimonial- apunta a: dejar mensajes reivindicativos de la dictadura y la represión, expresar señales de escarmiento a quienes trabajan y luchan por la justicia y la verdad, reivindicar a grupos y organizaciones de extrema derecha y denostar la memoria de los y las militantes de izquierda que fueron víctimas del terrorismo de Estado. Y finalmente, existiría un quinto mecanismo que para los países latinoamericanos que han vivido dictaduras cívico-militares se asocia con los planteamientos de la “teoría de los dos demonios”.

Esta teoría, se ha caracterizado por desdibujar el conflicto de la sociedad, a partir de un doble movimiento, por un lado, equiparando la violencia estatal y la de las organizaciones que han promovido la lucha armada, y por otro, intentado diferenciar la violencia de la vida de la gente común. Desde esta perspectiva, resultaría relevante para una sociedad democrática el juzgar a ambas formas de violencia, por tanto, lo que se pretende es equiparar el terrorismo de Estado y las luchas sociales, lo que deriva en un intento por empatar las responsabilidades de víctimas y victimarios, minimizando así, las responsabilidades de los represores. Para la “teoría de los dos demonios” es relevante que “también” se juzgue a los integrantes de las organizaciones revolucionarias, porque serían co-responsables de la situación excepcional que desencadenó en gobiernos dictatoriales.

En este sentido hablan de visibilizar a las “otras víctimas” o de desarrollar una “memoria completa” que incluya a policías y militares muertos. II. Expresiones actuales del proyecto negacionista en Chile Para continuar con el análisis del negacionismo pero desde una dimensión más concreta, nos interesa mostrar algunas expresiones recientes del negacionismo promovidas por el gobierno ultraderechista de José Antonio Kast.

Veamos: Una expresión clara nos remite al nombramiento de ministros vinculados directamente con el dictador. A finales del mes de enero del año en curso, José Antonio Kast informó en su calidad de presidente electo, sobre quiénes asumirían como ministros y subsecretarios de Estado. En este marco, dos nombres fueron polémicos para las agrupaciones de memoria y derechos humanos del país: Fernando Rabat Celis, Ministro de Justicia y Derechos Humanos, y Fernando Barros Tocornal, Ministro de Defensa.

Las organizaciones denunciaron que Rabat participó en la defensa de Pinochet luego de su detención en Londres; y Barros defendió al dictador en causas como la Operación Colombo, en la cual fueron desaparecidos 119 compatriotas. Coherentemente, en marzo de este año, ambos ministros fueron denunciados públicamente por 115 organizaciones de derechos humanos 8 por haber estado vinculados a la defensa jurídica del dictador. Para dichas organizaciones, las autoridades designadas no cumplen con estándares éticos ni políticos aceptables para una sociedad democrática, pues ambos en diferentes momentos de su carrera habrían negado, justificado y relativizado públicamente las violaciones a los derechos humanos.

Esta decisión se leyó políticamente como una señal de desprecio hacia las víctimas del terrorismo de Estado. Otra expresión del negacionismo en Chile nos remite al retiro del Tercer Plan Nacional de Derechos Humanos (2026-2029) por parte del gobierno, medida ejecutada a mediados del mes de marzo, cuando se retiró de la Contraloría General de la República, espacio en el que se encontraba para la toma de razón, trámite que le daba validez jurídica. Esta medida fue en paralelo con el retiro de los 43 decretos ambientales y del proyecto de negociación ramal.

El Plan retirado por la ultraderecha había sido construido dialógicamente por organismos públicos y agrupaciones de derechos humanos, contemplando un conjunto de 175 acciones para los próximos cuatro años. La medida despertó alarmas en organismos como Amnistía Internacional, quienes denunciaron que las políticas de derechos humanos no podían depender de la voluntad política de los gobiernos, sino que tenían que ser materias de Estado. Probablemente la expresión más clara del negacionismo ha sido la del desmantelamiento del Plan Nacional de Búsqueda.

Como es sabido, el Plan fue una iniciativa que vio la luz en el marco de la conmemoración de los 50 años del golpe militar y fue uno de los más importantes avances en materia de memoria, justicia y verdad del gobierno de Gabriel Boric. Desde finales del mes de marzo, el gobierno ultraderechista de Kast comenzó el desmantelamiento de esta política pública a partir de dos medidas. La primera de ellas se hizo pública el 29 de marzo cuando el Ministro de Vivienda y Urbanismo, Iván Poduje, anunció que se frenaría el proceso de expropiación de 117 hectáreas de la Ex Colonia Dignidad, espacio fundado en la década de los sesenta por el líder nazi Paul Schäfer y empleado durante la dictadura cívico-militar como centro de detención, tortura, asesinato y desaparición.

Existen numerosas pruebas que han confirmado que la Ex Colonia Dignidad fue un espacio de violaciones a los derechos humanos 9, razón por la cual, fue declarado un “sitio de interés” para ser expropiado por parte del Estado y así avanzar en la construcción de un sitio de memoria. A pesar de lo anterior, Poduje decidió frenar la medida entregando argumentos de carácter presupuestario. Y la segunda medida se conoció el 31 de marzo, cuando el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos decidió desvincular a las jefaturas estratégicas del Plan Nacional de Búsqueda, empleando argumentos administrativos y presupuestarios.

Estas dos medidas, han sido ampliamente denunciadas por agrupaciones de derechos humanos, pues son analizadas como decisiones profundamente ideológicas y políticas que dan cuenta de una señal de desprecio hacia las víctimas y de menosprecio hacia las políticas de memoria, verdad, justicia y reparación en el país. Otras dos expresiones del negacionismo se pueden asociar con los proyectos de conmutación de penas y de indulto a carabineros y militares. A comienzos del mes de marzo, se aprobó en el Senado un proyecto de ley presentado por los senadores de derecha Francisco Chahuán, Luz Ebensperger, Luciano Cruz Coke, Alejandro Kusanovic y Carlos Kuschel, el cual buscaba conmutar penas de cárcel por arresto domiciliario a cerca de doce mil reos, incluyendo condenados por delitos graves, crímenes de lesa humanidad y de connotación sexual, esgrimiendo razones humanitarias como salud (enfermedades crónicas) o edad avanzada.

Obviamente, esta medida se encuentra orientada hacia los condenados que se encuentran en la cárcel de Punta Peuco, lo que desató fuertes debates y críticas por parte de agrupaciones de derechos humanos y sectores de izquierda. Adicionalmente, a finales de marzo, el Presidente de la República, en entrevista realizada con la Asociación de Radio Difusores de Chile, ARCHI, declaró que utilizará sus atribuciones para decretar el indulto presidencial y conceder beneficios a carabineros y militares condenados por delitos realizados durante la revuelta popular. Si bien no se entregaron nombres ni número de “beneficiarios” de esta medida, se corre el riesgo cierto de que sean indultados Patricio Maturana, condenado por disparar una bomba lacrimógena en el rostro a la actual senadora Fabiola Campillay y José Faúndez, militar condenado por el homicidio de Romario Veloz en la ciudad de La Serena.

Los argumentos esgrimidos por Kast han referido a la importancia de “perdonar” a quienes “cumplían con su deber” en el contexto de la revuelta. Algunas voces del campo político han expresado el malestar con la propuesta pues denota una evidente discrepancia con respecto a la importancia de garantizar y velar por una sociedad respetuosa de los derechos humanos. Finalmente, resulta claro que el negacionismo también se expresa en la política internacional del gobierno y tratamiento con respecto al genocidio del pueblo palestino.

Son múltiples las evidencias que permiten sostener que el actual gobierno está alineado con el sionismo israelí, lo que se ha expresado en gestos diplomáticos y en compromisos de estrechar lazos políticos y relaciones comerciales con Israel. En esta dirección, el gobierno de Kast ha nombrado a Eitan Bloch, sionista declarado que se encuentra directamente vinculado al gobierno de Netanyahu, como asesor internacional, lo que lo ha llevado a trabajar en el segundo piso del palacio presidencial. La posición del gobierno, que fortalece los lazos con un país acusado internacionalmente por el genocidio al pueblo palestino y por cometer crímenes de lesa humanidad, ha sido denunciada como un agravio para toda la comunidad árabe y palestina de nuestro país y es, a todas luces, una señal evidente del componente negacionista de la ultraderecha chilena.

III. Negacionismo histórico y luchas educativas A partir de todo lo planteado, surge la pregunta y el desafío con respecto a cómo enfrentar el negacionismo histórico desplegado por la ultraderecha chilena. Pues bien, la experiencia internacional y particularmente europea, nos muestra que el penalizar el negacionismo ha servido para establecer límites a los discursos de odio, para fijar mínimos que operan como garantía de no repetición.

El camino de la penalización del negacionismo es una forma de prevenir los discursos y las prácticas apologéticas del genocidio y los crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, y este debate ha hecho correr mucha tinta 10, combatir el negacionismo no se puede reducir a un asunto jurídico o penal, sino que debe involucrar un combate en el campo de las ideas, de los medios de comunicación, de las redes virtuales, de la cultura y la educación. Considerando lo anterior, estamos convencido de que desde el campo educativo se puede y se debe hacer frente a los discursos y prácticas negacionistas, es decir, se debe ser parte de las disputas que se encuentran abiertas con respecto a la memoria colectiva.

En esta dirección, cabe preguntarse: ¿Qué rol pueden jugar los trabajadores de la educación y la cultura, profesores/as, estudiantes en las escuelas, las universidades y los espacios educativos? ¿Qué pueden hacer las organizaciones que han luchado históricamente por defender la memoria, la justicia, la verdad y los derechos humanos? ¿Qué tipo de medidas y acciones se pueden realizar desde los espacios y sitios de memoria?

¿Cómo articular en este ámbito el trabajo y las luchas de escuelas, universidades, centros culturales y sitios de memoria? ¿Qué aspectos de la pedagogía de la memoria son fundamentales para los tiempos actuales? Desde nuestra perspectiva, abordar desde el campo educativo los discursos y prácticas negacionistas, instala varios desafíos a quienes nos dedicamos al complejo trabajo de educar.

En esta dirección, nos interesa dejar planteados algunos desafíos y posibilidades. Nos parece relevante sostener algo que puede parecer una perogrullada, pero desde los espacios educativos (escuelas, universidades, espacios de memoria, centros culturales u otros) es necesario trabajar y luchar por reposicionar el valor del conocimiento científico y crítico, es decir, tenemos que reivindicar un tipo de conocimiento fundado sobre la base del trabajo de investigación, que sea fruto de un trabajo riguroso y sistemático, pero eso no es todo, pues reivindicar el conocimiento científico y crítico, implica también, abogar por un conocimiento comprometido con la verdad, opuesto a deformaciones y a procesos de inversión de la realidad, o sea, que contribuya a desnaturalizar las relaciones sociales de explotación y dominio. De lo que se trataría es de reivindicar un tipo de conocimiento que se preocupe por comprender la complejidad de la vida social y posibilitar la mejora de nuestras condiciones de vida y existencia, por ende, comprometido también con la justicia social, la dignidad humana, la reproducción de la vida planetaria.

Por otra parte, es relevante realizar esfuerzos institucionales y colectivos para crear espacios en los que se analice e intente comprender qué es y cómo funciona el negacionismo, así como los discursos de odio en nuestras sociedades. Es importante que en los espacios educativos se denuncie, socialice y reflexione colectivamente sobre los propósitos y las características de los discursos y las prácticas negacionistas, para que se pueda reconocer con facilidad sus formas de expresión en la sociedad. Algunas preguntas que podrían orientar las reflexiones colectivas: ¿Qué argumentos sostienen los discursos y prácticas negacionistas?

¿Por qué se pretende victimizar a las víctimas y proteger a los victimarios? ¿Para qué se cuestiona la cantidad de víctimas del genocidio o del terrorismo de Estado? ¿Qué se pretende con los actos de vandalización de los sitios y espacios de memoria?

¿Qué se espera lograr con aquellos argumentos que buscan equiparar o empatar la violencia estatal con la violencia popular? Un punto aparte refiere a la importancia de trabajar críticamente en los espacios educativos en torno a la “teoría de los dos demonios”, la que como hemos señalado, ha re-emergido de la mano de la ultraderecha en América Latina. Con esto, apuntamos a la importancia que tiene el socializar y discutir con las infancias, juventudes y el conjunto de la sociedad, los elementos centrales de esta teoría, ya que, es un error el querer desdibujar el conflicto y la violencia de la sociedad, pues son elementos que se despliegan cotidianamente y que co-configuran la sociedad en la que vivimos, por ende, más que omitirla y juzgarla es necesario realizar esfuerzos para analizarla y comprenderla en su concreción.

Lo mismo con respecto a los tipos de violencia que se despliegan en la sociedad, pues evidentemente no es equiparable la violencia estatal de la violencia popular: sus propósitos, sus formas de expresión, sus repertorios, sus recursos, etc. , son completamente distintos. En fin, lo que nos interesa subrayar, es que la presencia de la violencia en los espacios educativos no puede reducirse a una condena abstracta, sino que debe apuntar a su comprensión crítica.

Otro desafío que podemos plantear refiere a la importancia para los espacios educativos de evitar perderse en cabos sueltos y/o en fragmentos del debate público y poner esfuerzos colectivos en intentar comprender como se articulan los diferentes proyectos de ley, programas, políticas, etc. , en una política que es coherente y sistemática. Es decir, es necesario comprender cómo se despliega la iniciativa política de la ultraderecha 11, cómo inundan el debate público con multiplicidad de temas, propuestas y proyectos, ante los cuales existen escasas posibilidades de responder uno a uno.

Lo relevante, para el campo educacional crítico, pasa por poner numerosos esfuerzos analíticos e interpretativos para hacer una lectura con pretensiones de totalidad, una lectura que comprenda el cuadro general y que sea capaz de responder al mismo. En otros términos, es importante no perderse en fragmentos, esforzarse por analizar articuladamente las diferentes iniciativas de la ultraderecha y ser capaces de responder o de construir acciones de resistencia, con perspectiva estratégica. Finalmente, habría que señalar que siempre es importante para disputar los discursos y prácticas negacionistas el que en los espacios educativos profundicemos en el estudio de la historia reciente de nuestro país: abordar con profundidad y rigor la historia de la Unidad Popular, los principales procesos que marcaron la dictadura cívico-militar, las tensiones y conflictos asociados a la postdictadura, la experiencia reciente de la revuelta popular y las disputas desplegadas en las dos convenciones constitucionales, entre muchos otros temas o problemas considerados socialmente relevantes.

Desde hace décadas, que desde las tradiciones críticas del campo educativo y pedagógico hemos venido sosteniendo la centralidad de promover el pensamiento crítico, la conciencia histórica, el debate público basado en criterios racionales, la acción política y el cultivo de la memoria colectiva. De todo esto, se puede desprender una nutrida agenda de trabajo. Pues bien, las luchas contra los discursos y prácticas negacionistas son relevantes para los tiempos que corren, pues como sabemos, el negacionismo no sólo se remite al pasado, sino que también, es presente y futuro, ya que no se limita a destruir la memoria y producir olvido, puesto que su propósito es contribuir a la conformación de un proyecto de sociedad.

Parafraseando a Walter Benjamin, podríamos decir que es necesario disputar el pasado, el presente y el porvenir, de lo contrario ni siquiera nuestros muertos tendrán paz. Fabian Cabaluz D. 1 Anotaciones compartidas en el Seminario Regional «Derechos Humanos y protesta social: diálogos sobre pedagogías en resistencia y entramados de reparación», realizado el jueves 09 y viernes 10 de abril en el Sitio de Memoria La Providencia, Antofagasta.

2 Para profundizar en aspectos históricos y teóricos del negacionismo, se recomienda revisar el texto: “Repertorios: perspectivas y debates en clave de derechos humanos. 1. Negacionismo”, publicado por la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, Argentina, 2023.

3 La imagen que presenta a los “abuelos indefensos” o a los “ancianos” con “enfermedades crónicas y terminales” que están cumpliendo condenas en Punta Peuco, suele ser un claro ejemplo de lo anterior. 4 Un ejemplo del indulto a genocidas y criminales, fue el realizado por el Presidente de la República Argentina, Carlos Saúl Menem, quien entre los años 1989 y 1990 indultó con las famosas “Leyes de impunidad” a cerca de mil doscientos condenados por crímenes de lesa humanidad. 5 Los números de víctimas en experiencias genocidas o de crímenes de lesa humanidad son generalmente imprecisos, lo que se debe a que son procesos en los que se oculta información, se reducen y desvirtúan registros y denuncias, se trabaja conscientemente por ocultar información y generar procesos de impunidad.

6 Por lo mismo, no es extraño que cada cierto tiempo saquen a la luz pública casos específicos en los que las víctimas del terrorismo de Estado, habrían abusado de las políticas de reparación para obtener algún tipo de beneficio económico personal. Los partidos de la ultraderecha chilena han sido particularmente odiosos e insidiosos con respecto a estos casos. 7 Para profundizar se sugiere revisar el artículo de Carolina Aguilera y Manuela Badilla “Human rights memorials in turmoil: Antagonistic memories in contemporary Chile” en https://www.

sciencedirect. com 8 Ver: https://www. elciudadano.

com/organizacion-social/rechazo-ddhh-ministros-kast-defensa-pinochet/03/12/ y https://cronicadigital. cl/organizaciones-de-derechos-humanos-rechazan-nombramientos-de-ministros-de-kast-vinculados-a-la-defensa-de-pinochet/ 9 Ver informe del Instituto Nacional de Derechos Humanos, emanado en Junio de 2025 donde se denuncian prácticas que abarcaban casi todo el catálogo de violaciones a los derechos humanos en la Ex Colonia Dignidad, hoy Villa Baviera: https://bibliotecadigital. indh.

cl/. Otra prueba refiere al fallo de la Corte de Apelaciones de Santiago que confirmó la sentencia a Willi Malessa, se sugiere ver nota de la Corporación de Defensa de los Derechos del Pueblo, CODEPU: https://codepu. cl/ 10 Es importante señalar que han habido diferentes detractores contra la penalización del negacionismo, entre las que se pueden reconocer principalmente tres posiciones: unas que consideran que implica una peligrosa restricción a la libertad de expresión; otras que sostienen que se corre el riesgo de constituir memorias protegidas y en este sentido, de jerarquizar las memorias; y finalmente, aquellas que consideran que penalizar el campo de las ideas, puede ser una suerte de boomerang para las fuerzas de izquierda pues, tarde o temprano, se le devolverá como un golpe que atacará sus planteamientos.

El debate es complejo, pues involucra aspectos éticos, políticos y jurídicos. 11 Es importante revisar cómo en las dictaduras cívico-militares de Nuestra América, los ministerios de educación han sido verdaderas fábricas productoras de ideas negacionistas: han producido panfletos, decretos, informes, material didáctico que reafirman la figura del “enemigo interno” y que presentan a los victimarios como paladines de la democracia, del orden y de las tradiciones propias de nuestros pueblos.