Nos reventó en la cara. Y reaccionamos como tantas veces: discutiendo si ponemos detectores de metales, si revisamos mochilas, si llenamos de cámaras los accesos de los colegios, si aumentamos las sanciones. Eso es necesario debatirlo.

El problema es que, otra vez, llegamos tarde. Hay algo que deberíamos haber mirado antes. Según la Encuesta Juventud y Bienestar 2024 de SENDA, el 41,1% de los estudiantes de segundo medio en Chile cree que no es bueno o buena para nada, y el 33,9% dice sentirse un fracaso.

No son cifras marginales. Lee también... Aprueban Escuelas Protegidas: proyecto avanza al Senado y oposición anuncia ofensiva en el TC Martes 21 Abril, 2026 | 15:40 Tuvo que morir una inspectora para que volviéramos a preguntarnos qué está pasando.

La violencia en los colegios no es nueva. Llevamos años viendo cómo aumentan las denuncias, cómo se tensiona la convivencia y cómo los equipos educativos intentan enfrentar situaciones que muchas veces los desbordan. Según el último informe de la Superintendencia de Educación, las denuncias por maltrato a adultos de la comunidad educativa aumentaron un 34% en un año.

Lo sabíamos. Teníamos señales. Y seguimos llegando tarde.

Los jóvenes nos vienen diciendo hace tiempo que algo no anda. Que los adultos no estamos dando el ancho. Que el Estado no responde.

Algunos lo acumulan en silencio. Otros se atreven a decirlo, aunque muchas veces sin ser escuchados. “No soy bueno para nada”.

“Soy un fracaso”. No son frases de un caso aislado. Son frases que miles de jóvenes en Chile piensan hoy, mientras están sentados en una sala de clases, mientras comen solos en el recreo, mientras esperan que alguien les pregunte cómo están.

Los jóvenes necesitan orden y reglas claras. Eso es evidente. Pero si nos quedamos solo en eso, más temprano que tarde estaremos aquí de nuevo, frente a otra tragedia, repitiendo las mismas preguntas.

Lee también... ¿Menos violencia con más burocracia? Jueves 23 Abril, 2026 | 09:48 El fondo es más profundo.

Requiere vínculos y presencia real. No solo del Estado, también de nosotros. Preguntarle cómo está a un joven y quedarse a escuchar la respuesta.

Eso también es política pública. Cuando un joven llega a creer que no vale nada, no estamos frente a un problema individual. Estamos frente a un fracaso colectivo.