Finalmente, la directora del centro, Alejandra Labra, relevó el impacto directo en los jóvenes, explicando que “a través del trabajo en la cocina han ido desarrollando no solo habilidades técnicas, sino también aprendizajes más profundos, como la resolución de problemas, habilidades emocionales y el reconocimiento de capacidades que antes no veían en sí mismos”. La puesta en marcha de esta sala de cocina representa un avance significativo en la generación de oportunidades reales de desarrollo para jóvenes en proceso de reinserción, reafirmando que la inversión en espacios formativos no solo impacta en sus trayectorias de vida, sino que también contribuye directamente a una mayor seguridad y bienestar para la comunidad.