Un debate ha comenzado a surgir en torno al servicio "low cost" que ofrecen algunas aerolíneas. En cartas a El Mercurio, pasajeros relataron experiencias marcadas por cobros adicionales, restricciones tarifarias y altos costos asociados a servicios que antes se consideraban parte habitual de un viaje. Mientras que unos cuestionan que prácticamente cualquier prestación implique un pago extra, otros defienden que precisamente esa estructura ha permitido reducir tarifas y ampliar el acceso al transporte aéreo.

Todo inició con el lector, Eduardo Solís Grau, quien cuestionó el funcionamiento actual de las aerolíneas de bajo costo tras un viaje a Argentina. "Hace algunos días viajé a Buenos Aires utilizando una aerolínea low cost. Y aunque uno entiende el modelo de negocios -tarifas reducidas a cambio de menos comodidades-, la experiencia actual parece haber cruzado hace rato la línea entre austeridad y absurdo", señaló.

"El pasaje incluía prácticamente solo el derecho a sentarse dentro del avión. Sin maleta, sin snack, sin asientos reclinables, sin espacio razonable, sin entretenimiento y con una larga lista de cobros adicionales por casi cualquier cosa", afirmó. Pero el episodio que más molestia le generó ocurrió durante el regreso a Chile.

Según relató, él y sus acompañantes debieron pagar US$93 adicionales por persona para abordar con bolsas que contenían regalos y compras menores realizadas durante el viaje. "¿En qué momento viajar dejó de incluir el derecho razonable a llevar ropa, objetos personales o pequeños recuerdos, sin transformarse en una oportunidad permanente de facturación? "Eduardo Solís, pasajero "¿En qué momento viajar dejó de incluir el derecho razonable a llevar ropa, objetos personales o pequeños recuerdos, sin transformarse en una oportunidad permanente de facturación?

", cuestionó. "Todo parece convertido en microtransacciones diseñadas para exprimir al pasajero hasta el último dólar posible", sostuvo, agregando que "uno termina sintiendo que ya no viaja como pasajero, sino como alguien al que le están buscando permanentemente qué más cobrarle", añadió. Un experiencia similar fue la compartida por Mario Polloni Contardo, quien relató el alto costo que enfrentó tras intentar modificar la fecha de regreso de un viaje a Perú.

"A un precio final de $940. 960, ante la necesidad de hacer uso del derecho a cambio de fecha de regreso, la empresa cobró un cargo adicional de $1. 290.

062, es decir, un 130% más del valor originalmente pagado", señaló. El lector explicó que la aerolínea justificó el cobro bajo el concepto de "diferencia tarifaria", aunque sostuvo que, dadas las circunstancias personales que enfrentaba, no tuvo otra alternativa que aceptar el pago exigido. "Suscribo totalmente los argumentos del señor Solís, y ahora entiendo la estrategia comercial del sistema low cost", afirmó.

Las críticas también fueron resumidas por Augusto Wachholtz M. , quien, en una breve carta, apeló al antiguo refrán: "Lo barato cuesta caro". La defensa del modelo low cost Pero no todo son cuestionamiento.

Emilio José Becker defendió el funcionamiento de las aerolíneas de bajo costo y aseguró que las condiciones son conocidas por los pasajeros al momento de comprar. "El modelo low cost no es un engaño: es un contrato. El pasajero elige pagar menos a cambio de menos", indicó.

A juicio del lector, quienes llevan equipaje adicional o compras extra simplemente están utilizando servicios que no estaban incluidos originalmente en el pasaje contratado. "Quien lleva bolsas extra, maletas adicionales o recuerdos de viaje simplemente está usando un servicio que no contrató. Exigir que ese costo lo absorba la aerolínea (...

) es confundir austeridad con derecho adquirido", sostuvo. Además, defendió que este sistema ha permitido ampliar significativamente el acceso a los viajes aéreos. "Viajar barato es hoy una opción real para millones de personas gracias, precisamente, a este modelo", afirmó.

Aerolíneas se defienden La discusión escaló hasta la industria aérea. El gerente general de la Asociación Chilena de Líneas Aéreas (Achila), Eduardo Hardessen Ebel, intervino para defender el funcionamiento del sistema y destacar el rol que las compañías "low cost" han tenido en la expansión del transporte aéreo. "Este modelo, ampliamente desarrollado en el mundo, ha permitido que millones de personas puedan acceder por primera vez al transporte aéreo gracias a tarifas más convenientes y a una oferta flexible de servicios", señaló.

"Este modelo, ampliamente desarrollado en el mundo, ha permitido que millones de personas puedan acceder por primera vez al transporte aéreo gracias a tarifas más convenientes y a una oferta flexible de servicios"Eduardo Hardessen, gerente general de Achila"El sistema low cost se basa precisamente en que cada pasajero pueda elegir cómo quiere viajar y qué servicios desea incorporar a su pasaje, pagando solo por aquello que efectivamente necesita", afirmó. En esa línea, llamó a los usuarios a revisar cuidadosamente las condiciones antes de concretar una compra, especialmente en materias relacionadas con equipaje, cambios de fecha y flexibilidad tarifaria. "Es fundamental que, al momento de comprar un pasaje, los usuarios puedan revisar con atención las condiciones asociadas a aspectos como equipaje, cambios de fecha o flexibilidad tarifaria", indicó.

El ejecutivo también recordó que la normativa vigente obliga a las aerolíneas -incluidas las "low cost"- a incorporar un equipaje de mano pequeño sin costo adicional. Finalmente, aunque reconoció que "la experiencia de viaje siempre puede perfeccionarse", defendió que el sistema ha contribuido a acercar la aviación comercial a una mayor cantidad de personas y que actualmente es utilizado "diariamente por millones de pasajeros en todo el mundo".