A su vez, lo planteado por el coronel (R) Arturo Contreras Polgati sobre las nuevas formas de guerra adquiere aquí especial relevancia. La salida de un país de la OPEP no es una guerra convencional. No hay tanques cruzando una frontera ni una declaración formal de hostilidades.
Sin embargo, ocurre dentro de un escenario donde el petróleo, el estrecho de Ormuz, las cuotas de producción, los mercados, las sanciones, las alianzas y la información forman parte de una disputa mayor. Es una expresión de guerra híbrida, geoeconómica y energética. También puede tener una dimensión cognitiva e informacional.
No porque la decisión de Emiratos Árabes Unidos sea, por sí sola, una operación de manipulación mental, sino porque sus efectos alteran percepciones, expectativas, confianzas y lecturas de poder. Los mercados reaccionan, los gobiernos calculan, los consumidores temen, los aliados se reordenan y los adversarios observan. En las guerras actuales, muchas veces la percepción del poder produce efectos tan relevantes como el poder mismo.
Aquí aparece también una reflexión más profunda. La OPEP nació en una época de mayor solidez institucional, cuando los Estados podían comprometerse en pactos de largo plazo y sostener una disciplina común durante décadas. Hoy vivimos, como diría Zygmunt Bauman, en una sociedad líquida, donde los compromisos son más frágiles, las alianzas más móviles, los intereses más cambiantes y la permanencia institucional cede terreno frente a la conveniencia inmediata.
Desde esa mirada, la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP no solo golpea a una organización petrolera. También refleja la dificultad de sostener acuerdos estratégicos en un mundo donde cada actor busca mayor flexibilidad, margen de maniobra y capacidad de decisión propia. La OPEP fue hija de una época más sólida; su debilitamiento parece ser síntoma de una época más líquida.
Para Chile, la lección es clara. La seguridad energética, los combustibles, las energías renovables, el litio y la defensa nacional no pertenecen a mundos separados. Todos forman parte de una misma arquitectura estratégica.
Un país que no piensa sus recursos naturales desde la soberanía, la tecnología, la seguridad y el largo plazo termina dejando que otros piensen por él. No se trata de mirar la contingencia desde atrás, sino de abrir conversaciones antes de que los hechos obliguen a hacerlo tarde. En ese sentido, Voces de Mando ha venido instalando temas que hoy demuestran plena actualidad: defensa, soberanía, seguridad energética, recursos estratégicos y nuevas formas de guerra.
La realidad internacional parece confirmar que no estamos conversando asuntos secundarios, sino materias de orden nacional y mundial. Porque en el siglo XXI, la guerra no siempre llega vestida de guerra. A veces aparece en una ruta marítima amenazada, en una crisis de abastecimiento, en una decisión petrolera, en una cadena de suministro interrumpida, en una batalla por el litio o en la fragilidad de un pacto que alguna vez pareció sólido.