Esto requiere apoyar su modernización, facilitar su adaptación a las nuevas exigencias normativas y reconocer su experiencia acumulada en la gestión cotidiana del recurso en las cuencas. También implica avanzar hacia una relación más colaborativa entre el Estado y quienes administran el agua directamente en las cuencas. La sostenibilidad hídrica no se construye únicamente desde las políticas públicas o desde las obras de infraestructura.

Requiere también gestión local, coordinación entre usuarios y el conocimiento práctico de quienes administran el recurso día a día. En un país marcado por la diversidad de sus cuencas y por una creciente presión sobre el agua, las organizaciones de usuarios cumplen un rol estratégico que merece mayor reconocimiento. Porque en Chile el futuro del agua no pasa solo por nuevas fuentes ni grandes inversiones, sino también por fortalecer a quienes la gestionan silenciosamente desde las cuencas.