El calendario insistía con la primavera, pero el lunes 27 de abril Moscú amaneció bajo cero, con los árboles blancos y la estatua de Carlos Marx —esa vieja barba que sigue dando que hablar— cubierta por una nevada fuera de estación. Como si el clima quisiera recordar que, cuando se habla de socialismo, las certezas climáticas y las históricas se parecen: pueden derrumbarse de un día para otro. Mientras afuera la Plaza Roja lucía un manto imprevisto, adentro de la Casa de los Sindicatos se juntaron más de trescientas personas provenientes de más de 70 países para parir una criatura política que hace propio el himno de la Internacional: la Sovintern, Red Socialista Internacional.
La primera intentona seria del siglo XXI para hacer pie contra el imperio sin caer en la burocracia ni en las viejas recetas, apostando por el multipolarismo, la diplomacia de los pueblos y el combate en contra del capitalismo y el neocolonialismo. Los anfitriones fueron el Partido Rusia Justa, quienes fueron sede de este primer encuentro de la Red. El vicepresidente de Rusia Justa, Alexander Babakov, dio la bienvenida al encuentro y salió a decir sin vueltas que “el sistema monetario de Estados Unidos se está desmoronando” y que Trump ya no puede tapar el sol con una mano, menos cuando Irán le puso freno.
Y cerró con un puñetazo en la mesa: “construyamos alianzas para fortalecer el socialismo. La victoria será nuestra”. También se hizo presente Haz Al-Din, líder del Partido Comunista de Estados Unidos.
Un comunista yanqui, no cualquier cosa. Dijo que el capitalismo es disfuncional incluso para los norteamericanos, que Washington “no tiene derecho moral para gobernar el mundo” y que el unipolarismo se está apagando como una vela en un cuarto cerrado. De manera firme señaló que en la izquierda estadounidense “tenemos recursos, ética, historia y autoorganización”.
En un país donde el sueño americano se está convirtiendo en pesadilla para millones, escuchar eso tiene otro peso. George Galloway, del Workers Party de Inglaterra y uno de los principales referentes de esta Internacional, aprovechó de dar su definición de socialismo contradiciendo a Thatcher: “mi definición del socialismo viene de ella”, rememorando la polémica frase de ella, en la cual afirmaba que no existe eso llamado «sociedad», solo individuos. Ante esto rememoró a Rosa Luxemburgo, quien hace más de año gritaba: “socialismo o barbarie”.
Su partido se define antiimperialista y no anduvo con vueltas: el apoyo a la Federación Rusa contra “el fascismo resurgente en Ucrania” fue uno de los puntos de mayor consenso, junto con la solidaridad a Palestina, a Cuba y a los presos políticos latinoamericanos. Porque el caso latinoamericano tuvo su propio capítulo. No fue una cita de trámite.
La vicepresidenta del Parlamento nicaragüense, Arlyn Alonso, leyó con la Constitución en la mano: Nicaragua se declaró Estado revolucionario y socialista en su reforma constitucional. Para que quede asentado. Y recordó el intento de golpe de 2018, ese que se frenó con el pueblo en la calle y con los medios en contra.
Dijo que “el enemigo de la humanidad desprecia la vida” y que el Sovintern deberá tener una agenda fuerte en comunicación. No lo dijo por gusto: en Nicaragua saben de campañas de desinformación. Desde Bolivia, la ex presidenta del Senado Adriana Salvatierra llevó un mensaje de Evo Morales —no pudo venir, dijo, por persecución judicial desde 2023— y soltó un par de verdades incómodas: “Tenemos que abandonar la participación testimonial” y “hablar de burocratización del Estado”.
Reconoció que el imperialismo cambió de forma: ahora usa el lawfare, el poder judicial y el control financiero para proscribir candidaturas populares. Argentina, Perú, Bolivia misma. Mencionó a Cristina Fernández presa, a Pedro Castillo detenido.
Y Milei, por supuesto, como la continuidad de la dictadura argentina, en palabras de la representante del Partido Justicialista. En la inauguración de la SOVINTERN se pudo escuchar el mensaje de Evo grabado desde el Trópico de Cochabamba. Uno de los discursos que provocó mayor emoción —cosa rara en estos cónclaves— llegó con Fidel Castro Smirnov.
Nieto del Comandante, físico nuclear de profesión. Habló de pie, con la garganta un poco apretada. Dijo que el legado de Fidel no es pasado, es futuro.
Que el bloqueo a Cuba ha costado más de 144 mil millones de dólares y que el gobierno de Trump lo ha endurecido hasta la asfixia. Contó que Cuba no tiene bombas pero sí médicos, que enviaron a los rincones más oscuros del mundo mientras las potencias acaparaban vacunas en la pandemia. Y cerró con una frase que hizo levantar a media sala: “Aquí está Fidel junto a nosotros.
Soñando, cabalgando. Nosotros somos la generación del centenario y no lo dejaremos morir”. También estuvo presente Pablo Sepúlveda Allende, médico formado en la Escuela Latinoamericana de Medicina y nieto de Salvador.
Vino a proponer algo concreto: devolver la mano a Cuba. “Un solo buque desde Rusia no alcanza”, dijo. Propuso cargamentos regulares de combustible y medicinas, apoyo al pueblo cubano, tanto material como en redes sociales y que el próximo encuentro se haga en La Habana.
Esta propuesta ha sido apoyada por varios delegados, quienes ven el natalicio de Fidel Castro en agosto de este año como una nueva oportunidad para encontrarse. La jornada cerró con todos de pie, puño en alto, cantando La Internacional. Lo hicieron tres cantantes rusos y una mujer, en ruso, inglés y español.
Afuera seguía nevando. La estatua de Marx frente al Teatro Bolshoi cubierta de nieve. La primavera soviética entregaba a los delegados la imagen que esperaban de quienes hace más de 100 años asaltaron el Palacio de Invierno para dar lugar a uno de los momentos que cambiaría la historia mundial.
Sovintern no es la Cuarta Internacional ni será un partido mundial. Es una red de articulación política, dijeron sus organizadores. Funcionará por fuera de las estructuras tradicionales, de forma mucho más horizontal y dinámica, con énfasis en comunicación digital y en coordinación efectiva entre movimientos obreros, campesinos, intelectuales y gobiernos populares.
Su primer manifiesto —todavía en borrador— exige el fin del bloqueo a Cuba, fin al genocidio en Gaza, apoyo a la República Popular Democrática de Corea, compensación a los países de África por el legado de colonialismo y neocolonialismo, la solución de la crisis en torno a Ucrania y la liberación inmediata del legítimo presidente de Venezuela Nicolás Maduro. Avanzan los pueblos, encontrando en la SOVINTERN un nuevo paso en el camino hacia el socialismo.