Ormuz, Trump y la nueva fragilidad global: el mundo entra en una etapa de tensión permanente… y Chile no está preparado. Por Ricardo Rincón, Abogado 10 May 2026 Compartir en: La aparente tregua entre Estados Unidos e Irán en torno al estrecho de Ormuz no debe confundirse con estabilidad. Lo que estamos observando no es el cierre de una crisis, sino el inicio de una nueva fase de tensión geopolítica estructural, donde el mundo convivirá simultáneamente con conflictos militares regionales, guerras comerciales, crisis fiscales occidentales y una aceleración tecnológica sin precedentes impulsada por la inteligencia artificial.
La reacción de los mercados revela precisamente eso: ya no existe pánico, porque el sistema financiero global se está acostumbrando a vivir bajo amenaza constante. El petróleo se mantiene elevado, pero sin dispararse. El cobre sube con fuerza.
El dólar cae. Las bolsas retroceden moderadamente en Asia y Europa, mientras Wall Street vuelve a apostar por las tecnológicas y la IA. Es decir, el mercado está internalizando una lógica inquietante: el conflicto puede continuar, pero el dinero seguirá buscando refugio en activos estratégicos y en empresas vinculadas al nuevo ciclo tecnológico global.
Y en ese escenario Chile aparece simultáneamente como un país con enormes oportunidades… y con enormes vulnerabilidades. El estrecho de Ormuz y el nuevo “impuesto geopolítico”El estrecho de Ormuz concentra cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo. Cualquier amenaza sobre esa vía marítima actúa como un impuesto global invisible: sube la energía, encarece el transporte, presiona la inflación y deteriora las cuentas fiscales de los países importadores.
Estados Unidos lo sabe perfectamente. Por eso Donald Trump parece más interesado en estabilizar rápidamente la situación que en escalarla militarmente. La Casa Blanca comprende que una guerra prolongada destruiría el proceso de baja inflacionaria en EEUU y complicaría gravemente el financiamiento de su gigantesca deuda pública.
Pero incluso si se evita una guerra abierta, el daño ya está hecho: el mundo ha entrado en una fase de inseguridad energética permanente. Y eso tiene consecuencias profundas para Chile. Chile: potencia minera en medio del caos globalMientras el petróleo se tensiona, el cobre supera niveles extraordinarios.
Sobre US$6,3 la libra, el mercado comienza a anticipar algo mucho más grande que una simple recuperación cíclica: la electrificación masiva del planeta. La inteligencia artificial, los centros de datos, la electromovilidad, las redes eléctricas inteligentes, el almacenamiento energético y la nueva infraestructura digital demandarán cantidades gigantescas de cobre, litio y tierras raras. Chile posee una combinación que muy pocos países tienen:cobre; litio; potencial solar líder mundial; energía eólica; geotermia; capacidad portuaria; estabilidad institucional relativa frente a la región; y una posición geopolítica alejada de los grandes focos bélicos.
El problema es que el país sigue discutiendo muchas veces como si aún viviéramos en el mundo de hace veinte años. El verdadero riesgo para Chile no es externo: es políticoMientras el mundo redefine cadenas estratégicas, autonomía energética y soberanía tecnológica, Chile continúa atrapado en discusiones internas de corto plazo, fragmentación política y una burocracia ambiental y administrativa extremadamente lenta. La paradoja es brutal.
Justamente cuando el planeta necesita más cobre, más energía limpia y más estabilidad minera, Chile ha debilitado su capacidad de ejecutar proyectos estratégicos rápidamente. La permisología excesiva, la judicialización permanente, la incertidumbre regulatoria y la falta de una estrategia nacional coherente pueden terminar convirtiendo una oportunidad histórica en otra década perdida. Porque el nuevo mundo no esperará a Chile.
Estados Unidos, China, India y Europa están entrando en una competencia feroz por recursos críticos y seguridad energética. Y en ese contexto los países que no reaccionen con rapidez simplemente quedarán relegados. La IA está creando otra economía… y otra desigualdadHay otro elemento clave que el mercado ya entendió y la política aún no: la inteligencia artificial está empezando a separar ganadores y perdedores a escala global.
Mientras las industrias tradicionales enfrentan bajo crecimiento, las empresas ligadas a IA capturan valoraciones gigantescas. El caso de Anthropic y su posible valorización cercana al billón de dólares lo demuestra. La economía mundial comienza a concentrarse en pocas plataformas tecnológicas capaces de controlar:procesamiento de datos;infraestructura digital;automatización;y energía.
Y aquí surge una pregunta incómoda para Chile:¿Qué rol quiere ocupar el país en esta nueva economía? ¿Simple exportador de minerales? ¿O potencia energética, tecnológica y logística del hemisferio sur?
Porque si Chile no construye una estrategia nacional agresiva de:energía barata;infraestructura eléctrica robusta;formación tecnológica;automatización industrial;puertos inteligentes;y atracción de capital global,entonces terminará observando desde fuera la mayor transformación económica del último siglo. El riesgo fiscal y social que vieneEl conflicto en Medio Oriente, combinado con tasas altas, envejecimiento poblacional y presión social creciente, también anticipa otra crisis silenciosa: el agotamiento fiscal de muchos Estados. Europa ya lo muestra.
Reino Unido enfrenta turbulencia política y fiscal severa. EEUU acumula déficits históricos. Y América Latina continúa con bajo crecimiento estructural.
Chile no está inmune. Un petróleo persistentemente alto puede:aumentar inflación;elevar subsidios;deteriorar cuentas fiscales;presionar tarifas eléctricas;encarecer transporte;y afectar consumo interno. Pero al mismo tiempo el boom del cobre podría generar ingresos extraordinarios.
La diferencia entre prosperidad y crisis dependerá de algo muy simple: si Chile actúa estratégicamente o continúa reaccionando improvisadamente. La próxima década definirá el lugar de Chile en el mundoLa señal que entrega hoy el mercado global es poderosa. El dinero ya está apostando a un nuevo orden económico basado en:energía;minerales estratégicos;inteligencia artificial;Robótica;Satélites; seguridad alimentaria;y estabilidad política.
Chile posee condiciones excepcionales para transformarse en uno de los grandes ganadores de ese ciclo. Pero las ventanas históricas no permanecen abiertas eternamente. El país necesita abandonar la lógica de la administración cotidiana y comenzar a pensar como una potencia estratégica mediana.
Porque mientras el mundo entra en una era de fuego cruzado geopolítico, revolución tecnológica y disputa por recursos críticos, Chile enfrenta una decisión histórica:seguir discutiendo el presente, agitado en discusiones mezquinas o prepararse para liderar el futuro con la participación de todos sin distinción.