Las principales dificultades a las que se enfrentó en la fundación, dijo, estuvieron en la cultura organizacional. “Le hice ver a algunas personas dentro de la estructura que lo que estaba ocurriendo no era correcto y que esa organización tal como estaba no era necesaria; entonces, o cambiamos o nos íbamos. Eso fue doloroso para un montón de personas”, afirmó Zamora.
Agregó que “soy muy proclive a que las instituciones del Estado que no funcionan, se cierren. Me gustan los proyectos finitos”. El plan estratégico que impulsó Zamora implicó cambios “drásticos”, como salidas en la primera línea ejecutiva, una nueva gobernanza y ajustes en las bandas salariales.
Como resultado, dijo que la fundación -que hoy cuenta con cerca de 100 consultores y 200 funcionarios- “pasó a administrar cinco veces la cantidad de recursos” respecto del inicio de su gestión, según el saliente presidente, e incrementó su trabajo conjunto con los ministerios del Trabajo, Minería, Medio Ambiente, Economía y Hacienda. Entre los proyectos que Zamora considera como un sello de su administración mencionó a Startup Labs, política pública que “va a prevalecer en el tiempo, como Start-Up Chile” y que Corfo replicó en dos regiones para apoyar a las empresas de base científico tecnológica; el programa binacional con Finlandia para el desarrollo de proyectos en conjunto; el “rol protagónico” de la fundación en el ecosistema como con Emprende tu Mente; y la conformación de redes internacionales reflejadas en giras a China, Corea del Sur, Japón, Emiratos Árabes Unidos e India. Como tarea pendiente, mencionó no poder reubicar el centro de operaciones de la entidad.
“Me hubiera encantado que Fundación Chile salga físicamente de Vitacura, que esté más cercana a la realidad”, dijo. Con todo, hizo un balance positivo: “Quedé satisfecho con mi participación. Misión cumplida”.
Una startup y nuevos frentes El siguiente capítulo de Zamora tiene a una nueva startup como punta de lanza. Junto con Paolo Costa, Robert Lustig y JiaXin Huai fundó BioLumen, una compañía de bebidas funcionales en base a fibra de celulosa que opera en San Francisco, Estados Unidos. La tecnología, explicó, busca atrapar azúcares y grasas en el tracto digestivo y alimentar el microbioma intestinal.
Su desafío actual es lograr que la fibra sea soluble en agua. De hecho, en las últimas semanas, él y su equipo viajaron a Londres y Milán para sondear fondos soberanos y abrieron una subsidiaria en Irlanda. También concentrará su atención en la expansión de Rebel Factory y la conformación de un área de investigación y desarrollo (I+D) en EEUU, y en la startup de tecnología para logística, Serhafen, a la que entró como cofundador.
Zamora también es inversionista ángel en más de 15 startups. Entre ellas, ByBug, Pannex, CellCo, y Ecometric. En esa línea, adelantó que este año iniciará sus primeros “eventos de liquidez”.
“Ya llevo cinco años en algunas compañías y me saldré para invertir en otras”, dijo. A esa cartera se suma su involucramiento educativo con la fundación de una nueva escuela en Melipilla y el restaurante Nobel en Isla Negra, “(con el) que salimos a flote”. A eso se suma una agenda creativa pospuesta durante su paso por la fundación.
Fue invitado a escribir el guión de una serie de televisión sobre “inteligencia natural” -bajo la tesis de que todas las especies toman decisiones inteligentes- y una obra de teatro. Además, comenzó las primeras grabaciones con una banda de jazz, Orquesta del Viento.