El fertilizante es a la tierra, lo que el trigo es a la harina y el pan. Sin fosforados no se puede preparar la tierra para sembrar, sin urea las semillas no tienen la fuerza necesaria para dar su máximo potencial de producción. El panorama alimentario en Chile se aprecia poco alentador debido a la creciente escasez de fertilizantes, insumos esenciales para sostener la producción agrícola.
Con apenas un 18% de disponibilidad estimada en el país, el stock actual ni siquiera alcanzaría para cubrir adecuadamente la siembra de trigo en curso. Mientras persisten cuestionamientos por la falta de transparencia de grandes empresas importadoras respecto a las cifras reales de abastecimiento, desde el Ministerio de Agricultura parecen bajarle el perfil al problema, calificándolo principalmente como un conflicto entre actores privados, pese a las advertencias del sector agro sobre sus potenciales efectos en la seguridad alimentaria. Más allá de esa discusión, ¿cuál es la ventana de tiempo que tendría Chile ante una eventual crisis alimentaria por la escasez global de fertilizantes?
Según el mundo del Agro, el momento clave podría darse en 2027, el mismo año en que Hacienda -de acuerdo al documento filtrado donde se propone “descontinuar” programas- tiene previsto eliminar el apoyo a la comercialización del trigo nacional. Tras el alza de precios de los combustibles producto de la guerra en Irán, pocos pensaban en ese momento en otros productos que pasan por el estrecho de Ormuz y que tienen tanta importancia para los seres humanos, como son los fertilizantes e insumos que requieren los cultivos que alimentan a la población. Y es aquí donde se prevé un problema serio.
Cerca del 20% de los fertilizantes del comercio mundial circulan por allí y con la cadena de abastecimiento interrumpida, sumado a la decisión de China de mantener cerradas sus exportaciones de estos productos para asegurar su mercado interno, todos los mercados enfrentan un severo shock de oferta. El 20 de abril partía la temporada de siembra del trigo de invierno en la zona centro sur de Chile, proceso que cierra aproximadamente el 20 de mayo, y las tardías hasta agosto en algunas zonas. Sin embargo, muchos agricultores no se atreven a sembrar porque los datos concretos indican que hoy en Chile solo habría un 18% en stock de los fertilizantes que se requieren para cubrir las necesidades del agro nacional para esta siembra (sólo considerando trigo).
José Miguel Stegmeier, vicepresidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), y presidente de la Sociedad Agrícola de Biobío (Socabío), corrobora que “lo más difícil es lo que está ocurriendo con las siembras de ahora otoño: raps, avena y trigo. Tal como están las cosas, es de un alto riesgo económico sembrar, con estos costos de combustibles y fertilizantes, es imposible rentabilizar esos cultivos. Si esto sigue y no se resuelve durante el invierno, también las siembras primaverales, como son por ejemplo la remolacha azucarera y el maíz, igualmente no son viables bajo las actuales condiciones.
Y en estos momentos no hay stock suficiente de fertilizantes, por lo que aquellos agricultores, probablemente la mayoría, que no alcanzaron a comprar antes de la guerra, no pueden iniciar las siembras a tiempo”. Fertilizantes por las nubes Para hacernos una idea de los costos y cantidades necesarias de fertilizantes requeridos, una tonelada de urea, que alcanza para cubrir 4 a 5 hectáreas de trigo, o 5 de arroz, en febrero estaba a $700. 000, hoy va en $1.
200. 000 sin IVA, y sigue subiendo. Toda la urea es importada.
La mezcla NPK (nitrógeno, potasio, fósforo) que se ocupa para estos cultivos, dependiendo de cuánto componente tiene, aumentó de $600. 000 a $900. 000 en los mismos meses.
Y de ese insumo, dependiendo del cultivo, por ejemplo, para sembrar arroz necesita mínimo 300 kilos por hectárea, pero para el maíz son 500 a 600 kilos, y para el trigo de 300 a 400 kilos. Y qué decir de los herbicidas y su disponibilidad, que además de los precios en alza, cada tipo de cultivo requiere diferentes productos. Pero tampoco hay fósforo, sin el cual no se pueden preparar las tierras para la siembra.
Suma y sigue. La situación, sin embargo, podría ser más compleja si se suma -advierten los agricultores- la lentitud con la cual se estaría considerando este problema, porque hasta ahora ni las empresas importadoras de productos fertilizantes, ni el Gobierno, están tomando cartas en el asunto. Y si seguimos en esa ruta -prosiguen con otra advertencia- habrá pan para hoy (2026) pero hambre para mañana (fines de año y 2027), Cotrisa (Comercializadora de Trigo S.
A. ), la empresa pública que es autoridad en la materia, se excusó de emitir opiniones. Lenta reacción El jueves pasado el, encabezó una reunión en la que participaron parlamentarios y asociaciones de productores para abordar este tema particular.
Lo preocupante -aseguran las fuentes- es que nadie en el gabinete tenía información del real estado de la situación. “Se basan en que se trata de un problema entre privados y no pueden intervenir. Dicen que vienen tres barcos con fertilizantes.
Pero ¿cuándo llegan, cuántos fertilizantes traen, una, diez, cien mil toneladas. Lo único que saben es que vienen tres barcos con fertilizantes, pero tampoco cuál es el proveedor que lo importó”, apunta Juan Baeza, representante de maiceros de Maule Norte y vicepresidente de Agricultores Unidos AG, que participó en la reunión. El dirigente aseguró que “no entienden la urgencia.
Nosotros necesitamos sembrar hoy para que haya alimento mañana. No que lo vamos a revisar y, que, en dos o tres semanas vamos a tener soluciones. Porque de aquí a dos o tres semanas podemos quedar sin sembrar.
Y eso significa no tener seguridad alimentaria para nuestro país. Así de grave es el problema”. A estas alturas más de alguien podrá responder: lo que falte, se importa.
No es tan sencillo. De hecho, cerca del 55 % del trigo y 80 % del maíz que consumimos en Chile ya es importado (Fuente ODEPA). El autoabastecimiento de proteínas (pollo, cerdo, huevo) depende del maíz importado.
Pero somos un comprador pequeño en comparación con otros países, por lo que no seremos prioridad para los mercados, dado que este problema de escasez de fertilizantes es mundial. Fertilizantes para una temporada En el agro aseguran que este año no habrá disponibilidad suficiente de fertilizantes para todas las siembras de los diversos cultivos que se realizan en el país. Y en el campo dicen también que si el río suena … En las comisiones de Agricultura, tanto de la Cámara de Diputados como del Senado, se está discutiendo esta situación recientemente, dada la insistencia de diversas organizaciones de agricultores, porque están todos “parados” esperando cómo se moverán las piezas de un tablero que podría quedar en jaque mate de aquí a octubre/noviembre.
En una reunión sostenida el viernes 17 de abril en dependencias de ODEPA, en el Ministerio de Agricultura, donde también estuvieron invitados representantes de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), y de empresas como Soquimich y Anagra, según fuentes que asistieron a dicho encuentro, allí quedó claro que “las empresas importadoras no están trayendo insumos hoy día porque saben que el agricultor no tiene plata para pagar. O sea, no van a traer a menos que no tengan claridad de esta situación, de que va a haber poder comprador”. El representante de SQM se excusó de entregar datos específicos por estar su competencia presente, y el de Anagra manifestó que están iniciando conversaciones para ver a qué país pueden comprar estos insumos sin mayores detalles e intenciones.
Ello redundó en que la reunión con el ministro el jueves pasado nadie tuvo información actualizada sobre el stock de fertilizantes disponibles, a pesar de haber estado en la misma mesa analizando este problema con dichas empresas. Y en la sesión de la Comisión de Agricultura del Senado del martes pasado, el subsecretario Francesco Venezian explicitó que esta alta volatilidad por conflicto geopolítico ha tenido un impacto reciente en los precios de fertilizantes, como “la urea que presenta un 107% de variación anual y un 96,9% mensual. Las mezclas nitrógeno, fósforo y potasio, más del 50% aproximadamente, alza explicada por energía, logística, conflictos internacionales.
“Pateando” las mezclas ¿Qué es lo que está pasando en el mercado del fertilizante a nivel nacional? Hay menos stock, pero hay stock disponible. ¿Qué es lo que han ido haciendo muchas plantas?
Han bajado un poco las mezclas de las ureas, que normalmente es con 46% de nitrógeno, y hoy día están haciendo mezclas con fósforo, bajando urea al 40%, tratando de compensar un poco el precio”. El problema de esta “medida”, es que “al bajar la concentración no abarata el fertilizante, lo encarece. El agricultor paga prácticamente lo mismo, pero recibe menos nutriente por saco.
Para cubrir las necesidades del cultivo tiene que comprar más volumen, lo que suma costos de transporte, maquinaria y mano de obra. Es el equivalente a vender bencina rebajada con agua y presentarlo como un beneficio para el consumidor. En una temporada donde los márgenes ya están destruidos por el alza de insumos, esto no es una solución: es trasladar el problema al agricultor con otra etiqueta”, aclaran dirigentes del agro.
En esa misma sesión, según consta en la grabación, el subsecretario de Agricultura también respondió a los gremios que la crisis de fertilizante es un problema entre privados. La industria y su logística El punto es que no solo enfrentaríamos la falta de stock de fertilizantes fundamentales como la urea en Chile, sino que dentro del sistema de importación desde Medio Oriente tenemos un desfase más o menos de dos meses en la compra, es decir, si encargamos hoy recién en junio estaría disponible en el mercado local. Y con muchas plantas que están destruidas, los plazos se amplían.
En el país los dos grandes importadores a granel de estos insumos son. El Mostrador se contactó con ambas compañías para conocer su posición frente a esta crisis, pero declinaron responder por ahora. También está la Compañía Agropecuaria Copeval, que es importador de menor tamaño y distribuidor a nivel nacional.
Su Gerente de Fertilizantes, Tomás Joannon G. , explicó que “como consecuencia al shock de oferta, en Chile esta situación genera una presión al alza en los costos de producción para el agricultor. Estas alzas generan incertidumbre a nivel de agricultores de cultivos extensivos y en las intenciones de siembra, dado que los fertilizantes son uno de los principales componentes dentro de su estructura de costos”.
Plantea que “en el corto y mediano plazo, esto podría hacer que los agricultores ajusten sus dosis y apliquen nuevas tecnologías para eficientar el uso de nutrientes con el fin de compensar el alza de costos. No obstante, dado este escenario, existe la posibilidad de que en el mediano plazo veamos alzas en algunas frutas y verduras a nivel de consumidor, dependiendo de la intensidad del uso de fertilizantes en cada cultivo. ” ¿Cómo afectará el bolsillo?
No hay estadística sobre la alimentación en Chile que no arroje el alto consumo de pan. En el país consumimos anualmente unos 90 kilos por persona. Pero ¿tenemos el suficiente trigo para cubrir las necesidades de la población solo en este ítem?
En Chile se requieren del orden de 350. 000 hectáreas de trigo para consumo interno y estamos produciendo 173. 000.
El resto se compra fuera, pero ese negocio no está asegurado porque “Chile, que importa el 55 % del trigo y el 80 % del maíz que consume, compra spot (precio oportunidad) sin contratos plurianuales, sin reservas estratégicas, sin licitaciones estatales. “Es el último de la fila cuando la fila se acorta. El shock no será de desabastecimiento físico; será de precios en harinas, pan, pollo, huevo y cerdo durante todo el próximo año”, pronostica un informe entregado a las autoridades del ministerio por parte de representantes de Agricultores Unidos AG.
Y el cálculo que se debe hacer es simple: antes de la guerra, si había algún problema de cualquier naturaleza, Chile tenía disponibilidad de maíz de 5 a 6 meses, de arroz para tres meses, y de harina para unos 5 meses. Esos tiempos hoy no podemos establecerlos, primero porque no sabemos cuánto grano hay en bodegas, cuánto quedará de lo que se haya importado en estos meses, y si finalmente habrá o no siembras en mayo. Sin fertilizantes asegurados para esta siembra o las de primavera, Chile enfrentará una crisis de seguridad alimentaria, la cual puede prolongarse entre cuatro y ocho años, aunque la guerra terminara mañana.
Y es que a nivel global “nos enfrentamos a tres crisis simultáneas. Por primera vez en este siglo, los proveedores principales del mundo enfrentan simultáneamente una crisis climática (El Niño confirmado), una crisis de fertilizantes (guerra en Medio Oriente) y la descapitalización financiera de sus productores. El saldo exportable mundial podría reducirse entre 25 % y 45 %”, plantea el informe entregado por los productores.
Prueba de esta alerta es que, según publicó a fines de marzo el diario La Nación (Argentina), la Bolsa de Cereales de Córdoba ya proyectó una caída de 38. 000 hectáreas (3%) para la siembra de trigo 2026/27, citando explícitamente el alza de la urea por el conflicto en Medio Oriente como gatillante. Otros países tienen disposiciones claras, como en Alemania que mantiene reservas federales de alimentos; Estados Unidos opera un organismo estatal de compra y almacenamiento de granos; Australia cuenta con un Consejo Nacional de Alimentación y reserva estratégica de combustible; hoy los países del BRICS están creando reservas conjuntas en este momento.
Chile no dispone de ninguno de estos instrumentos. La crisis es humana En la sesión de la Comisión de Agricultura del Senados, Camilo Guzmán, presidente de Agricultores Unidos AG aseguró también que “con los precios actuales, una fracción significativa de los productores no va a sembrar esta temporada, no solo pequeños sino de todos los tamaños”. “Detrás de esa decisión, viene algo que esta comisión debe tener presente con mucha claridad: cuando los productores se detienen, la panadería, los almacenes, los talleres, las bombas de bencina, los servicios agrícolas, los tractoristas, los temporeros, los camioneros, los operarios de bodegas, los mecánicos, todos los que viven del movimiento agrícola se detienen, los pueblos del sur se detienen.
Por eso esta no es solo una crisis de precio, es una crisis que llegará a la mesa de los chilenos en forma de pan más caro, que llegará a todo el 2027, y que llegará a los pueblos rurales del sur de Chile en forma de cesantía masiva, y ese costo humano va a ser muy alto si no se actúa”. En esa misma sesión, Gloria Paredes, representante y vocera del Movimiento de Maiceros del Valle Central, pidió proteger a “quienes producen alimentos para el mercado interno de Chile, no la agricultura agroexportadora, sino a los que llegan a Lo Valledor, si no tienen las condiciones para poder seguir trabajando en la tierra, con el alza de los combustibles y de los fertilizantes, hacen imposible que se siga produciendo y que, finalmente tengamos seguridad y soberanía alimentaria. Si hay dificultad en el abastecimiento de alimentos o un encarecimiento, eso quita la paz social”, advirtió.
Algunos agricultores incluso “están pensando en vender (sus tierras), porque seremos empleados sin contrato de los molinos”, comenta Mario Concha, presidente de la Asociación Gremial de Arroceros Unicaven, rubro que sigue esperando resolver los problemas de precios y sobre stock de grano importado, como denunciamos en Aquí Ñuble la semana pasada. Los recortes de Hacienda Y mientras los agricultores chilenos enfrentan esta tormenta global, en las últimas horas se conoció el listado de programas que el Gobierno de José Antonio Kast propone desfinanciar para el 2027, entre ellos el apoyo a la Comercialización del Trigo. “No hay una palabra ni un gesto para terminar con cuarenta años de abuso oligopólico de molinos, plantas y exportadoras, que han comprimido al productor referenciándolo a commodities subsidiados en origen, mientras al consumidor le cobran cerca de la paridad de importación, capturando un margen muy por encima de los costos legítimos de proceso y distribución.
Tampoco hay política seria de soberanía alimentaria”, lamenta Camilo Guzmán. “Y por si fuera poco -concluye el dirigente-, ahora los liquidan con una planilla Excel. Eso es lo que hay detrás de las recomendaciones de Hacienda: una hoja de cálculo donde alguien marcó “descontinuar” frente a los pocos programas que aún sostenían al sector, como seguros silvoagropecuarios, crédito de largo plazo, transferencia tecnológica, e incluso el laboratorio arbitrador de la Ley 20.
656, la única defensa formal del productor frente a la fijación abusiva de precios”. “Sin análisis, sin memoria técnica, sin una línea sobre seguridad alimentaria. Sólo la columna de “ahorro fiscal”.
¿Qué país queremos ser cuando dejemos de producir lo que comemos? Porque si el campo cae, cae la cuenca lechera del sur, cae el trigo nacional, cae el empleo rural de cientos de miles de familias, y queda comprometida la seguridad alimentaria de todos los chilenos. Y ese día, no habrá Excel que lo arregle”.