Es verdad que nos hemos extendido, pero no hemos activado las relaciones sanas, hasta el extremo que son muchas las ataduras opresoras que debemos decidir abandonar. Nos damos cuenta de ello, cuando nos falta esperanza y vagamos existencialmente perdidos y desolados a más no poder, sin una tierra para la concordia y sin unos moradores hacia el cual encaminarnos unidos. Es tiempo de reflexión, momento de abandonar las falsedades que nos circundan, instante para detenerse, hacer un alto en el camino y nos saldrán, sin duda, los buenos propósitos, fuera de los ídolos que nos abruman y fuera de los apegos que nos encarcelan.

Comencemos, pues, por el castigo más honesto; que es aquel que uno mismo, se propone e impone: el reprenderse. Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor corcoba@telefonica.