La adulta mayor agregó que, en su caso, los gastos en transporte son inevitables debido a sus controles médicos frecuentes. “Tengo que ir seguido a controles médicos y muchas veces debo gastar en transporte porque no siempre me sirve caminar largas distancias o esperar mucho rato. Al final, todo se va acumulando y uno empieza a recortar en cosas básicas.

Lo más triste es que a nuestra edad ya no hay mucho más de dónde ajustarse, porque ya vivimos al límite”, comentó. Realidad en hogares El impacto también se proyecta en los hogares de adultos mayores, donde el funcionamiento diario depende de insumos, transporte y servicios que podrían encarecerse con el alza de los combustibles. Carolina Méndez, técnico en enfermería del hogar Los Sabinos en Concepción, explicó que la situación podría generar efectos directos en la calidad de vida de los residentes.

“En los hogares de adultos mayores vemos de forma muy directa cómo cualquier alza en los precios termina afectando a los residentes. Cuando suben los combustibles, aumentan los costos de transporte para controles médicos, exámenes y traslados a centros asistenciales, que son parte habitual de la vida de muchos de ellos. Además, también se encarecen los alimentos, los medicamentos, los pañales, los insumos clínicos y hasta los servicios básicos del hogar.

Todo eso impacta directamente en el funcionamiento diario y, finalmente, en el bienestar de los adultos mayores”, señaló. Méndez agregó que la situación se vuelve más compleja considerando que muchos residentes dependen de pensiones bajas o del apoyo de sus familias. Según explicó, el aumento sostenido del costo de la vida podría dificultar la mantención de estándares adecuados de cuidado.