Una oferta fragmentada La boleta electoral, de más de 42 centímetros de ancho, resume el fenómeno: cinco columnas y 198 autoridades a elegir. El proceso se desarrolla en medio de un deterioro democrático, tras una década marcada por ocho presidentes en diez años, cuatro destituciones y dos renuncias. La figura de la expresidenta Dina Boluarte, con una aprobación del 3%, y la del Congreso, con apenas 5%, ilustran el nivel de rechazo y la precariedad institucional.
La explicación, según Fernando Tuesta, reside en que “los partidos en el Perú son organizaciones extremadamente débiles, altamente personalistas y que se han convertido, en muchos casos, en vehículos electorales donde se reclutan candidatos y, terminado el proceso, estos se separan”. El politólogo sostiene que la proliferación de candidaturas es un reflejo de la percepción ciudadana de que “no importa si tienes o no un partido organizado, igual puedes salir presidente”. Las consecuencias de esta fragmentación se sienten en la representación y en la estabilidad.
Las nuevas agrupaciones provocaron enfrentamientos constantes con el Ejecutivo, debilitando la presidencia y consolidando el poder en el Congreso. “No hay ningún país en América Latina que haya tenido ocho presidentes en 10 años, ahí donde debería haber dos”, explicó Tuesta. Más allá de las figuras El menú electoral recoge además aspirantes con vínculos familiares y trayectorias políticas diversas.
Entre ellos, Mario Vizcarra (Perú Primero), hermano del expresidente Martín Vizcarra; Rafael Belaúnde (Libertad Popular), nieto del dos veces mandatario Fernando Belaúnde Terry; y a Vladimir Cerrón (Perú Libre), líder marxista que permanece prófugo de la justicia. El centro y la izquierda suman a exministros como Jorge Nieto, Marisol Pérez Tello y Fiorella Molinelli. Empresarios de peso, como César Acuña y José Luna, también compiten, mientras que el sector militar está representado por figuras como José Williams y Roberto Chiabra.
También está Alfonso López-Chau, exrector de la Universidad Nacional de Ingeniería del Perú. La amplitud de perfiles responde, según Tuesta, a la búsqueda de alternativas a una política tradicional desacreditada. El escenario, calificado como “altamente impredecible”, mantiene un alto porcentaje de indecisos y la expectativa de que el voto útil o un outsider de última hora alteren la tendencia.
La segunda vuelta se proyecta casi inevitable. Desafío del ausentismo A la incertidumbre se suma la posible baja participación. El experto electoral Enzo Elguera advierte sobre un incremento del ausentismo respecto a comicios previos, incluso en sectores históricamente activos.
“Hay muchas personas consultando cuánto les cuesta la multa. Están pensando en no votar. Quizá el nivel de ausentismo pueda crecer”, señaló Elguera.
En Perú, el voto es obligatorio. El especialista explicó que el ausentismo puede alterar la distribución de curules y el umbral de votos necesarios para que los partidos accedan al Congreso. “Obtener un escaño puede requerir alrededor de 500.
000 votos válidos, y partidos con aspiraciones nacionales deberían superar los 900. 000 o hasta 1,1 millones de votantes para lograr una presencia relevante de diputados y senadores”, detalló en diálogo con Canal N. La ONPE documentó en 2021 un ausentismo cercano al 30% en la primera vuelta y de 25% en la segunda, según datos recogidos por la Universidad de Lima.
Esta tendencia, asociada a la apatía y la fragmentación social, podría consolidarse en 2026, impactando la legitimidad de los elegidos y la estructura de representación. Polarización y crisis institucional La división política se manifiesta también en la tensión entre el Ejecutivo y el Congreso. La exvicepresidenta Mercedes Aráoz relató cómo el Congreso de mayoría fujimorista forzó la salida de Pedro Pablo Kuczynski en 2018: “El fujimorismo cometió muchos errores, no tenía una mirada estratégica de largo plazo”, afirmó Aráoz, aunque reconoció la falta de negociación política del Ejecutivo.
Aráoz considera que la proliferación de partidos revela “un país desinstitucionalizado, sin instituciones firmes y sólidas en lo político”, aunque reconoce que “el respeto a la independencia del Banco Central de Reserva está en la Constitución y se respeta”. El buen desempeño macroeconómico, con una inflación controlada y reservas internacionales netas equivalentes al 28% del PBI al cierre de 2025, contrasta con la inestabilidad política. La fragmentación, en opinión de la exvicepresidenta, se agravó por el escándalo de Odebrecht y la “judicialización de la política”.
“A los políticos los han perseguido, a algunos bien y a otros no”, expresó Aráoz. El resultado, según ella, es un ambiente donde “aventureros creen que la política es un espacio para beneficio personal y no un beneficio público”. Un proceso impredecible La elección de 2026 se convierte en un episodio inédito en la historia peruana.
Como subrayó Fernando Tuesta, “vamos a elegir a un sexto presidente de manera continua, que es algo que nunca habíamos visto en más de 200 años de República”. El proceso, en palabras del politólogo, transcurre en una “enorme inestabilidad, en medio de un proceso democrático nunca visto”. El desenlace permanece abierto, con millones de electores frente a la cartilla más grande de la región y sin una fórmula clara para superar la dispersión.
El futuro político de Perú dependerá de la capacidad de sus ciudadanos para hallar opciones que les devuelvan la confianza y la esperanza, aseguran los expertos.