La obra Arlequín (Busto), pintada por Pablo Picasso en 1909, fue vendida en Nueva York por US$42,6 millones durante una subasta de arte moderno que totalizó cerca de US$304 millones. La pintura era una de las piezas más esperadas de la jornada y cumplió con las proyecciones del mercado, ya que había sido estimada en torno a los US$40 millones. Además, marcó un nuevo hito para una obra que hace casi dos décadas no logró concretar su venta en otra subasta.
El cuadro fue realizado apenas dos años después de Les Demoiselles d’Avignon, en pleno desarrollo del período cubista de Picasso. La obra retrata a un arlequín apoyando su barbilla sobre una mano, utilizando figuras geométricas y una paleta dominada por tonos grises, verdes y ámbar. Aunque el Picasso fue una de las grandes estrellas de la noche, la venta más alta correspondió a La Chaise Lorraine, de Henri Matisse, adjudicada por US$48,4 millones, casi el doble de lo estimado inicialmente.
Otra de las piezas destacadas fue La Moisson en Provence (1888), de Vincent van Gogh, que alcanzó los US$29,4 millones. La subasta también reflejó el creciente peso de compradores internacionales, especialmente provenientes de Asia y Medio Oriente, en el mercado global del arte de alto nivel.